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Capítulo 849:
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Al oír el fuerte estruendo, Yelena y Austin intercambiaron una mirada y corrieron hacia la habitación de Maggie.
«Mamá, ¿estás bien?», gritó Austin, sin molestarse en llamar a la puerta, y la abrió de un empujón.
La fuerte fragancia golpeó a Austin al entrar.
Yelena también frunció el ceño al percibir el aroma.
Al darse cuenta de que el frasco de perfume debía de haberse roto, se encontraron con la caótica escena de Monica tirada en el suelo.
«Mamá, ¿qué ha pasado?», preguntó Austin con ojos llenos de preocupación al ver a Maggie llorando.
Maggie, recuperando la compostura en medio de su dolor, se agachó junto a los restos del perfume, con lágrimas corriendo por sus mejillas mientras lamentaba su pérdida.
—Ay, me duele mucho —gritó Monica con tristeza.
Al oír su grito, todos dirigieron su atención hacia Monica, que seguía tirada en el suelo.
—Austin, por favor, ayuda a Monica —instó Maggie.
Austin ayudó con delicadeza a Monica a volver a la silla de ruedas, con la mano visiblemente ensangrentada, lo que provocó miradas preocupadas por parte de los demás.
«Mi mano, me duele mucho. ¿Podrías llamar a un médico?», suplicó Monica a Austin.
Al observar la escena, Yelena comentó: «Señorita Mitchell, parece propensa a los accidentes. Parece que cada vez que la veo, está sufriendo alguna dolencia».
La expresión de Monica se agrió ante el comentario, y su disgusto era evidente. Las lágrimas brotaron de sus ojos, lo que aumentó su aspecto ya lamentable.
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—¿Qué está insinuando? ¿Está sugiriendo que estoy fingiendo el dolor? Quizás debería experimentarlo usted misma —dijo Monica con dureza.
Yelena respondió con un encogimiento de hombros indiferente: —No era mi intención, pero puede interpretarlo como desee.
Mónica se quedó sin palabras.
Austin pidió una aclaración: «Mónica, ¿qué ha pasado aquí exactamente?».
El perfume era una reliquia muy preciada para Maggie, redescubierta después de años, que le había proporcionado una inmensa felicidad. Sin embargo, esa felicidad fue efímera, desapareciendo tan rápido como había llegado. Recuperar algo precioso solo para volver a perderlo poco después fue una experiencia realmente angustiosa.
El ambiente se tensó con la sensación de pérdida de Maggie y la frustración de Austin.
«Lo siento mucho, ha sido culpa mía», admitió Monica con culpa.
Mientras hablaba, la atención de todos se centró en ella.
Una astuta satisfacción cruzó brevemente la mente de Monica, creyendo que había manipulado la situación a su favor.
Temblando como si estuviera angustiada, Monica explicó: «Lena se puso agresiva conmigo de repente. Estaba demasiado asustada para reaccionar».
Maggie asintió, recordando los siseos de Lena, aunque seguía sin tener claros los detalles.
Mónica continuó, tratando de ganarse la simpatía de los demás: «Si solo hubieran sido sus siseos habituales, no me habría molestado tanto. Estoy acostumbrada».
Mónica hablaba como si fuera la víctima, con la voz llena de dolor y frustración.
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