✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 440:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Roland se limitó a asentir con la cabeza y volvió su atención hacia Yelena. La última vez que la vio, no le prestó mucha atención, le pareció una chica normal y corriente. Pero ahora era evidente que desprendía un aire de confianza y capacidad que no pasaba desapercibido. Estaba lejos de ser una chica normal y corriente.
Yelena sonrió suavemente y le tendió un café moca. —Aquí tiene su café moca, profesor.
¿En serio?
Roland arqueó una ceja, impresionado de que Yelena hubiera acertado tan fácilmente con su café favorito.
—Has hecho los deberes —dijo con una sonrisa—. ¿Y cómo sabías que iba a pasarme?
Corbett se volvió hacia Yelena con expresión de auténtica sorpresa. En efecto, ¿cómo lo sabía Yelena?
Roland preguntó con suavidad, en tono tranquilo y sereno: —¿Qué pretendes?
Era la misma pregunta que Corbett quería hacer, pero Roland se le adelantó.
Yelena no se apresuró a responder. Dio un sorbo deliberado a su café y dijo: «No está mal».
Antes no era muy aficionada al café, pero desde que Tessa se lo había descubierto, le había empezado a gustar bastante.
Roland la observó con una mirada indescifrable, sin alterar su actitud tranquila. Esperaba que ella titubeara, que cometiera un desliz, pero ella se mantuvo serena, incluso relajada.
Pero Roland no era de los que presionan para obtener respuestas. Dejó que el silencio se prolongara, seguro de que Yelena revelaría lo que él quería oír cuando fuera el momento. En su mente, ese era su territorio y él tenía el control. No había motivo para preocuparse.
Finalmente, Yelena rompió el silencio. —En primer lugar, no «investigué» tus preferencias en cuanto al café. Cuando visitamos tu oficina el otro día, me fijé en la taza de café que había en tu escritorio.
¿Ya leíste esto? Solo en ɴσνєℓα𝓼4ƒ𝒶𝓷.c○𝓂 con contenido nuevo
Roland se detuvo, encajando las piezas. Ahora tenía sentido. Pero ¿cómo sabía ella que iba a ir al laboratorio?
Esa pregunta permaneció en la mente de Roland, pero también en la de Erica y Corbett.
Yelena ofreció una explicación sencilla. —Antes, cuando fuimos a por café, el local estaba cerca de tu oficina. Te vi salir por la ventana y pensé que quizá vendrías aquí.
Erica arqueó una ceja. —¿Y si no hubiera venido?
Yelena sonrió suavemente y respondió: «Entonces no habría pasado nada. Me habría tomado el café de más».
Erica frunció el ceño en broma. «¿No me lo podías haber dado a mí?».
Yelena se rió ligeramente. «Eso también habría valido».
Al final, Yelena no había hecho nada especial, solo una serie de coincidencias.
Pensaran lo que pensaran los demás, Erica confiaba plenamente en Yelena.
Roland tomó un sorbo de café y dijo: «Mañana hay un seminario. Deberían asistir todos».
Corbett, acostumbrado a ese tipo de eventos, no se mostró sorprendido en absoluto. Aun así, la curiosidad pudo más que él. «Profesor, ¿usted no va?».
Roland se encogió de hombros. «No, voy a pasar. Esas reuniones siempre son aburridas».
—No son tan productivas como hacer más experimentos —añadió Corbett, terminando la frase de Roland.
Roland sabía que Corbett, que llevaba más tiempo a su lado, entendía perfectamente su forma de pensar.
—De acuerdo, asistiremos —dijo Corbett, un poco sorprendido al darse cuenta de que había utilizado el «asistiremos».
En su mente, Yelena y Erica empezaban a sentirse realmente parte del equipo.
Después de que Roland se marchara, Erica finalmente exhaló profundamente, y la tensión se alivió en sus hombros.
—Yelena, ¿por qué no lo intentas y representas a nuestro equipo mañana? Es una buena oportunidad para ganar confianza. —Corbett le dedicó a Yelena una sonrisa cómplice.
.
.
.