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Capítulo 438:
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Era como si Yelena pudiera oír sus pensamientos. Volviéndose hacia Erica, Yelena dijo con calma: «Cuando dije que no había hecho nada, no quería decir que no hubiera tocado nada allí dentro».
Con eso, Yelena comenzó a caminar hacia el laboratorio. «Vamos. Querías saber lo que hice, ¿no?».
Corbett dudó, momentáneamente sin palabras. ¿Yelena había tenido suerte o realmente sabía lo que hacía?
De cualquier manera, decidió que era mejor comprobarlo. Si Yelena estaba jugando, ahora era la oportunidad perfecta para ponerla en su lugar.
Dentro del laboratorio, Yelena restableció rápidamente todos los datos a su estado original.
Corbett la observó con mirada penetrante. —Vamos, enséñame —dijo con tono seco.
Al ver la actitud tranquila y segura de Yelena, Corbett no podía quitarse de la cabeza la idea de que quizá ella realmente sabía cómo funcionaba el experimento.
Mientras tanto, Erica observaba a Yelena con preocupación. Se acercó un poco más y le susurró: «¿Estás segura de esto?».
Su preocupación no era solo por la reprimenda, sino que temía que Yelena pudiera fallar, lo que supondría un duro golpe para alguien tan excepcional como ella.
Yelena siempre había sido la mejor de su clase, su talento era innegable. Para alguien que había destacado con tanta facilidad, un solo error solía suponer un peso aplastante.
Sin embargo, a pesar del intenso escrutinio de Corbett y Erica, Yelena permaneció imperturbable. Sus manos se movían con precisión, firmes como un metrónomo.
Corbett se aferró a la esperanza de que Yelena estuviera fingiendo. Pero cuanto más tiempo pasaba, más claro estaba: ella conocía el experimento al dedillo, quizá incluso mejor que él. Sus ojos se abrieron como platos y, por un momento, sintió como si le hubieran dejado sin aire. Imposible. ¿Cómo podía ser?
Aunque su rostro permanecía impasible, por dentro, los pensamientos de Corbett eran un torbellino de incredulidad.
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Erica, por su parte, también estaba completamente atónita. —¿Y bien? ¿Lo entiendes ahora? —preguntó Yelena con calma al terminar.
El equipo zumbaba silenciosamente, pero los datos preliminares no mostraban ningún error.
Corbett siguió mirando, esperando los resultados finales. Cuando aparecieron, nítidos e impecables, su corazón se hundió y luego se elevó de nuevo, con asombro.
Rápidamente anotó los resultados, y su actitud inicial pasó del escepticismo a la admiración.
¡Una genio! La chica que tenía delante no solo era brillante, ¡era una fuerza a tener en cuenta!
—Ya que has dominado esta parte del experimento, Yelena, ¿qué hay de las demás? —preguntó Corbett con cautela.
A decir verdad, no esperaba mucho.
Pero Yelena respondió con tono tranquilo pero seguro: «Por supuesto, también puedo hacerlas».
La emoción de Corbett brotó a la superficie.
«¡Empecemos!», dijo con entusiasmo.
Y así, el trío —Yelena, Corbett y Erica— pasó todo el día inmerso en el trabajo del laboratorio.
Esto era exactamente lo que Yelena había estado esperando. Su objetivo era terminar rápidamente y marcharse.
Sin saber las verdaderas intenciones de Yelena, Corbett estaba simplemente encantado. Creía que habían encontrado a alguien lo suficientemente brillante como para elevar a su equipo al más alto nivel, alguien que sería la envidia de todos.
Unos días más tarde, Roland hizo una visita inusual al laboratorio. —Corbett.
—¡Profesor Hoffman! —Corbett se quedó paralizado en cuanto vio a su maestro. ¿Qué había pasado? ¿Había salido mal el experimento? ¿Había venido Roland para enfrentarse a él? Sus manos se movían nerviosamente, frotándose contra la ropa, pero el sudor de las palmas las dejó rápidamente pegajosas.
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