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Capítulo 412:
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Pensó que el gesto amable de Yelena al invitarlo a comer debía significar que contaba con su ayuda para algo importante. Para su sorpresa, Yelena le lanzó una bola curva.
«No, hemos terminado», dijo sin rodeos, con su tono tan tajante como siempre.
Erica, intuyendo que se avecinaba una tormenta, intervino rápidamente para suavizar el golpe. «Esta vez ha sido bastante sencillo. Pero la próxima vez, si las cosas se complican, sin duda te pediremos ayuda».
Corbett parpadeó, sin saber cómo responder.
El intento de Erica de suavizar las cosas solo sonó como un cumplido ambiguo, uno que probablemente debería haberse omitido.
«¿Sencillo? ¿En serio?», dijo Corbett, con la curiosidad despertada. «Bueno, déjame ver cómo va. ¿Cómo están los datos?».
«Ya están en tu correo electrónico», respondió Yelena con frialdad.
Corbett no iba a subestimarlas, aunque no podía quitarse las dudas de la cabeza. Algunos de los datos implicaban conceptos avanzados, cosas con las que se esperaría que lucharan estudiantes de posgrado o superiores, por lo que no le habría sorprendido que estas chicas se hubieran topado con algunos obstáculos.
Aun así, la afirmación de Erica de que era «sencillo» le hizo levantar una ceja. ¿Estaban fanfarroneando? Solo había una forma de averiguarlo.
Hojeó los datos que Yelena y Erica habían recopilado, abordándolos con una actitud relajada. Al fin y al cabo, no podía creer que dos estudiantes universitarias hubieran conseguido hacerlo todo a la perfección.
Esperaba que fuera fácil encontrar errores.
Para su sorpresa, tras revisar cuidadosamente todos los datos, no encontró ni uno solo.
Aún incrédulo, se frotó los ojos, preguntándose si se le había pasado algo por alto. Volvió a revisar, esta vez con más meticulosidad, pero siguió sin encontrar ni un solo fallo.
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La incredulidad lo carcomía. Se sumergió en una tercera revisión, decidido a detectar hasta el más mínimo indicio de error. Sin embargo, el resultado fue el mismo: impecable.
—Corbett, ¿hemos metido la pata en alguna parte? —preguntó Erica nerviosa, observando la intensidad con la que Corbett revisaba los datos. Yelena, por su parte, se mantenía firme como una roca.
—No hay ningún error —dijo con la confianza de quien tiene una escalera real en la mano.
Corbett se volvió hacia Yelena, con la curiosidad a flor de piel. —¿Por qué estás tan segura? ¿Qué te hace pensar que todo es perfecto?
Yelena lo miró fijamente a los ojos. —Porque lo he revisado todo dos veces antes de enviarlo. Confía en mí, no hay margen para el error.
Corbett se rió tímidamente, con un tono de admiración en la voz. —Tienes razón. No hay ni un solo error. ¿Lo has hecho tan bien a la primera? Impresionante.
Sin embargo, en el fondo, no pudo evitar compararse. Su velocidad había sido mucho mayor que la suya. En el pasado, le había llevado casi tres días organizar datos similares.
Además, solo había empezado a trabajar con el profesor Hoffman en el segundo semestre de su primer año de posgrado.
Mientras tanto, Yelena y Erica aún eran estudiantes universitarias y lo hacían sin esfuerzo. Claramente, habían superado sus habilidades, y ese pensamiento le molestaba un poco.
Sin embargo, lo ocultó.
Si supieran lo mucho que ellas lo habían pulido, no quedaría bien por su parte.
—Corbett, he visto que aún no has ordenado los datos. ¿Te echamos una mano? —dijo Yelena con tono entusiasta.
Había un motivo oculto detrás del entusiasmo de Yelena: solo quería terminar rápido para poder irse.
Corbett se detuvo, considerando la oferta de Yelena pensativamente.
Corbett detestaba la monotonía de organizar datos. Para él, era una tarea aburrida y sin ningún valor real.
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