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Capítulo 315:
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Una serpiente en la familia… ¿Se puede caer más bajo? ¿Traicionar los lazos de sangre por poder y dinero? Era el tipo de historia que amargaba el alma.
—Entonces, ¿qué plan tenemos? —insistió John, con urgencia en el tono.
Leonel necesitaba una llamada de atención, lo suficientemente fuerte como para que se lo pensara dos veces antes de volver a atacar.
—Primero, llama al hospital para pedir una ambulancia. Luego, filtra la noticia de mi accidente de coche a los medios de comunicación. Démosles un espectáculo. —La respuesta de Austin fue tranquila, pero calculada.
No solo estaba jugando, estaba preparando el terreno. Sus ojos brillaban con la fría y férrea determinación de alguien dispuesto a burlar a su enemigo.
La trama se complicaba y el juego se calentaba.
Leonel debía de estar sintiendo la presión con la reunión del consejo a la vuelta de la esquina. Pero Austin sabía que el puesto de presidente seguía siendo suyo.
Aitana había encargado personalmente a Austin que se ocupara de la situación, una decisión que claramente no le sentó bien a Leonel. Sin embargo, Leonel no se daba cuenta de que Aitana estaba al tanto de sus intrigas.
Como si Aitana fuera a dejar que Leonel dirigiera la empresa. Ni hablar.
Si Leonel quería jugar, Austin estaba más que dispuesto a participar.
Su mirada de acero lo decía todo: estaba preparado para devolverle el golpe.
John, rápido de reflejos, no perdió tiempo en llamar a una ambulancia.
Yelena, observando las maniobras de Austin, no pudo evitar admirar su estrategia. Una jugada inteligente, sin duda.
Si su enemigo pensaba que Austin estaba fuera de combate, seguramente bajarían la guardia. Ese sería el momento de contraatacar con fuerza, pillando al enemigo completamente desprevenido. Fingir una lesión no era solo una táctica, era un golpe maestro.
John llamó al hospital de la familia Bowen para asegurarse de que la ambulancia llegara en un tiempo récord.
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¿Por qué no utilizar uno de los centros propiedad de Barton? Sencillo.
No podían arriesgarse a que Leonel se enterara de la situación. Ese zorro astuto sin duda husmearía en busca de detalles. Pero en el hospital de la familia Bowen, el personal sabía que no debía revelar secretos, especialmente bajo las órdenes de John. Al fin y al cabo, no era fácil conseguir un trabajo.
John había pensado en ello desde el principio. Con todo listo, la ambulancia se llevó a Austin y el plan se puso en marcha. Pronto, los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia.
«Última hora: ¡El heredero más poderoso de Kheley, víctima de un trágico accidente de coche!».
«¡Un accidente impactante deja la vida de Austin pendiendo de un hilo!».
«Fuentes internas informan de que el estado de Austin es crítico».
En cuestión de minutos, la noticia del accidente de Austin ocupaba todos los titulares.
El público estaba en estado de shock.
Los rumores se dispararon y muchos se preguntaban si el choque había sido un simple accidente o parte de un plan más elaborado.
Internet estalló con teorías y debates.
Como era de esperar, la noticia llegó primero a Leonel.
Cuando escuchó la impactante noticia, una ola de euforia lo invadió. Apenas podía contener su emoción, imaginándose ya celebrando con botellas de champán.
¡Parecía que el destino finalmente estaba de su lado!
Austin, que siempre había logrado esquivar los problemas, por fin había encontrado a su rival. La racha de suerte no podía durar para siempre.
Esta vez, Leonel estaba más decidido que nunca a recuperar lo que creía que era suyo por derecho.
Leonel había estado esperando esta oportunidad durante lo que le pareció una eternidad. Como segundo hijo de la familia Barton, siempre había vivido a la sombra de su hermano mayor, Philip.
Cuando Philip falleció, Leonel pensó que por fin había llegado su momento, que por fin reclamaría el puesto y el reconocimiento que creía merecer. Pero no, ahora era el turno de su sobrino Austin de disfrutar del protagonismo de la familia. La injusticia de todo ello le quemaba profundamente por dentro.
¿Por qué Philip y su hijo tenían que tenerlo todo? ¿Acaso Leonel no era un Barton?
El resentimiento se enconó en el corazón de Leonel.
Había intentado socavar a Austin en innumerables ocasiones, pero el joven había demostrado ser frustrantemente resistente, esquivando todas las trampas que Leonel le tendía.
Pero esta vez sería diferente. Esta vez, Leonel no lo dejaría al azar. Había planeado meticulosamente cada paso, asegurándose de que Austin no tuviera escapatoria. Mientras se recostaba, una lenta y fría sonrisa se dibujó en su rostro.
En ese momento, la esposa de Leonel, Aanya, entró en la habitación y posó una mano perfectamente manicurada sobre el hombro de su marido. —Pareces inusualmente complacido, querido —murmuró con voz suave como la seda—. ¿Qué te pone de tan buen humor?
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