✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 171:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
¿Tenía un par de ases? ¿Una escalera al rey? ¿O simplemente estaba fanfarroneando?
En cualquier caso, su mano debía de ser increíble para justificar una apuesta tan arriesgada, o al menos eso era lo que todos pensaban.
La presión psicológica era abrumadora.
Jacob, a pesar de sus años de experiencia, parecía visiblemente tenso. Tenía los labios apretados y la mirada nerviosa, alternando entre sus cartas y la enorme pila de fichas en el centro. Ya se había obligado a apostar quinientos mil antes, y las apuestas solo habían aumentado.
Si igualaba la apuesta de Yelena, significaría arriesgar dos millones, una cantidad que dolería incluso a alguien como él. Pero retirarse significaría perder los ochocientos mil que ya estaban sobre la mesa.
En cualquier caso, la situación era sombría.
Atrapado en un dilema, Jacob miró a Yelena, esperando encontrar una grieta en su fachada, alguna pista de que estaba mintiendo. Pero Yelena era impenetrable, su comportamiento tranquilo y su mirada firme irradiaban confianza.
Jacob repasó mentalmente su comportamiento anterior. Cada movimiento que había hecho parecía deliberado. Se había retirado en el momento adecuado, evitando pérdidas innecesarias, y ahora apostaba agresivamente, como si supiera que no podía perder.
—¿Qué pasa? ¿Te quedas o no? ¿O tienes demasiado miedo? —Su burla atravesó la sala como una navaja, llamando la atención de los espectadores.
Jacob apretó la mandíbula. Nunca se había enfrentado a alguien como Yelena, alguien tan impredecible, tan imperturbable.
Tras una larga pausa, Jacob exhaló bruscamente y tiró las cartas sobre la mesa. —Me retiro —dijo a regañadientes, con voz teñida de frustración.
¡Maldita sea! Cuando antes tenía una buena mano, Yelena se había retirado al instante, negándole la oportunidad de ganar.
Historias exclusivas en ɴσνєℓα𝓼4ƒαɴ.𝓬𝓸𝓂 para fans reales
Y ahora, cuando su mano era mediocre, ella había apostado todo, obligándolo a retirarse.
Jacob hervía de frustración, pero sabía que no tenía otra opción.
Con tantos ojos puestos en él, hacer trampa no era una opción.
Sin embargo, no importaba: se convenció a sí mismo de que había sido una casualidad.
Yelena simplemente había tenido suerte.
Dominaría la siguiente ronda y recuperaría sus pérdidas. Cuando Jacob se retiró, Yelena se inclinó con calma y barrió hacia sí el montón de fichas que había en el centro de la mesa.
Había ganado.
Su expresión seguía serena y tranquila, sin ningún gesto de celebración, como si ese resultado fuera inevitable.
Había ganado más de un millón de fichas en una sola ronda.
Los espectadores no podían contener su curiosidad. «¿Qué cartas tenías?».
La pregunta resonó en toda la sala, llegando incluso a Jacob, que estaba ansioso por saber qué le había derrotado.
Le ardía el pecho de frustración; ver a Yelena coger las fichas era como perder una parte de sí mismo.
Si iba a sufrir una derrota tan humillante, necesitaba ver la mano que le había vencido.
Yelena miró a la multitud y esbozó una leve sonrisa cómplice. Sin decir nada, tiró sus cartas boca arriba sobre la mesa.
Todos los presentes estiraron el cuello, ansiosos por ver su supuesta mano extraordinaria. Y entonces, cuando las cartas quedaron a la vista, un grito ahogado recorrió la multitud.
.
.
.