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Capítulo 165:
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—No tengo ni idea de lo que estás hablando —respondió ella con voz tranquila, midiendo cuidadosamente sus palabras. Desviar la atención era más seguro que confirmar o negar nada abiertamente.
—Tranquila. No te quiero hacer daño —dijo él con tono tranquilizador—. Mi abuelo es un gran admirador de Oaklyn y yo he aprendido mucho de él, así que reconozco su estilo.
Yelena lanzó una mirada afilada a Austin. —Me voy —dijo secamente, pasando a su lado sin esperar respuesta.
Esta vez, Austin no la detuvo. Simplemente la vio marcharse, con una leve sonrisa en los labios. Tenía la sensación de que no sería la última vez que la vería.
De hecho, estaba seguro de que volverían a cruzarse pronto y, si el destino no les daba la oportunidad, se encargaría él mismo de crearla.
Cuando Yelena llegó a casa, su mirada se posó inmediatamente en la mesa de centro. Allí, en un lugar bien visible, estaba el regalo original que había preparado para el cumpleaños de Humphrey.
Sus labios esbozaron una sonrisa fría. Tal y como sospechaba. Alguien había cambiado el regalo y no tenía ninguna duda de quién era la culpable: Bella.
Yelena cogió el pergamino y lo guardó con deliberada calma. Sin pillar a Bella con las manos en la masa, enfrentarse a ella no serviría de nada. Bella se saldría con la suya mintiendo, como siempre hacía.
Pero Yelena no olvidaría ese desaire. Se ocuparía de ello a su debido tiempo y en sus propios términos.
Cuando Yelena llegó a su habitación, su teléfono vibró, llamando su atención. La pantalla mostraba el nombre de Brody. ¿Ya tenía los resultados de su investigación?
—¿Brody? —respondió, solo para ser recibida por su voz aterrada. —Yelena, ¿dónde estás? —Su tono era urgente, casi frenético, y el ruido de fondo estaba lleno de gritos y caos—. Por favor, Yelena, necesito tu ayuda. Ven rápido.
—Estoy en casa —respondió Yelena, con voz firme a pesar de la tensión que se percibía—. ¿Qué pasa?
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—¡Estoy en un casino clandestino! —espetó Brody, con evidente angustia.
Era evidente que Brody había subestimado el riesgo que corría al aventurarse en el casino clandestino para recabar información sobre Jacob. Huelga decir que su presencia no había pasado desapercibida. Normalmente, Brody sabía manejarse en situaciones delicadas, pero allí, su rostro desconocido lo delataba como un forastero. Sumado a su ropa bien cortada y su porte elegante, debía de parecer un blanco fácil para la gente equivocada.
Acorralado y sin otra opción, Brody llamó a Yelena. El juego no era su fuerte y, en aquella situación, no tenía a nadie más en quien confiar.
Yelena frunció el ceño al oír sus palabras. ¿Qué hacía Brody en un lugar así? Debería haberlo sabido. No era solo imprudente, era un claro error de juicio. Brody necesitaba que le recordaran con firmeza que sus acciones tenían consecuencias.
Aunque pensaba eso, Yelena no dudó. Cogió las llaves y se dirigió a la puerta.
—De acuerdo, envíame la dirección y voy para allá —dijo antes de colgar.
Mientras tanto, poco después de que Yelena se marchara, Bella salió de su habitación con expresión de satisfacción. Sabía que Yelena estaba en casa y había dejado a propósito la caligrafía sobre la mesa de centro. Era un gesto sutil, diseñado para alejarse de cualquier sospecha.
Si Cayson o cualquier otra persona decidía investigar, no sería problema de Bella. Al fin y al cabo, parecería que la negligencia de Yelena había causado el desastre.
Bella no tenía intención de asumir ninguna responsabilidad. Había sido cuidadosa, lo suficiente como para no dejar ninguna prueba tangible.
Incluso si Yelena sospechaba de ella, Bella sabía que podía hacerse la víctima y acusar a Yelena de calumnias. Y si llegara a eso, ¿seguirían sus padres apoyando a Yelena? La mente de Bella ya estaba dando vueltas a todos los escenarios posibles, cada uno más calculado que el anterior.
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