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Capítulo 1208:
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«Solo digo la verdad».
Yelena puso los ojos en blanco y volvió a centrarse en Aus, inspeccionándolo con cuidado. Se dio cuenta de que tenía la garganta ligeramente hinchada, probablemente una inflamación.
Su voz se suavizó mientras lo tranquilizaba: «No te pasa nada, pequeño. Tómate la medicina como un buen chico».
Mientras tanto, Austin arrancó la autocaravana y se incorporó a la carretera con suavidad. Conducía con tanta suavidad que Yelena apenas notaba el movimiento.
Mezcló la medicina de Aus en su comida y observó cómo dudaba, olfateando el aroma desconocido. Pero al final, se lo comió todo.
Mientras el vehículo se adentraba en el tranquilo abrazo de los suburbios, Yelena acariciaba distraídamente al gato y respondía a los mensajes, echando de vez en cuando un vistazo al paisaje que se deslizaba por la ventana. No tardó mucho en darse cuenta de adónde la llevaba Austin.
La autocaravana se detuvo en la misma plataforma donde habían acampado una vez, contemplando cómo el amanecer pintaba el cielo de dorados y rosas.
Después de aparcar, Austin se inclinó hacia ella y la atrajo hacia sus brazos.
El cuerpo de Yelena se tensó por un momento y su pulso se aceleró.
—Mira hacia arriba —murmuró Austin, y su voz profunda y magnética le provocó un escalofrío.
Como atraída por un hechizo, obedeció.
El techo de la autocaravana se abrió lentamente, como un telón de terciopelo que se levanta en un gran escenario, dejando al descubierto la inmensa extensión del cielo.
—Es impresionante —murmuró ella, con voz teñida de asombro.
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Aunque aún no había llegado el verano, los días en Eighfast ya eran cálidos y los cielos estaban despejados, sin una sola nube. Las estrellas brillaban como diamantes esparcidos, su resplandor intacto por el bullicio de la ciudad.
Austin asintió con la cabeza. —Quédate aquí y espera —le indicó.
Yelena bajó la mirada hacia él, con curiosidad en los ojos, como preguntando: «¿Qué estás tramando?».
Fingiendo misterio, Austin se limitó a sonreír. —Ya lo verás.
Yelena no insistió. El cansancio aún la invadía tras los agotadores ensayos y grabaciones de su última actuación teatral, y le pesaban los miembros. La idea de moverse siquiera un centímetro le parecía un esfuerzo excesivo.
Austin salió de la autocaravana, cogió algo del interior y cerró la puerta tras de sí.
Unos instantes después, se oyó una serie de ruidos y traqueteos procedentes del exterior, señales de que alguien estaba preparando algo.
Incapaz de contener su curiosidad, Yelena se asomó por la ventana. Ante ella se desarrollaba una escena: Austin ya había montado un toldo y había dispuesto todo el equipo para la barbacoa, con una parrilla repleta de ingredientes cuidadosamente ordenados.
Al ver que ella lo observaba, Austin le dedicó una sonrisa. —No tardaré mucho.
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