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Capítulo 1092:
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Justo cuando estaba a punto de tomarse un momento de descanso, el silencio se rompió con el anuncio de un miembro del personal, lo que provocó un destello de confusión y curiosidad.
Alguien había venido a verla. ¿Quién podría ser?
Este pensamiento cruzó la mente de Yelena mientras salía para averiguarlo. Annie, igualmente intrigada, inventó una excusa y siguió sigilosamente a Yelena.
Quienquiera que hubiera logrado persuadir al equipo de producción para que hiciera una excepción y permitiera esta reunión durante el ensayo a puerta cerrada de Yelena no debía de ser un visitante cualquiera.
Sonya había insinuado que la historia de Yelena no era tan sencilla, ya que provenía de una familia que había hecho fortuna recientemente.
Annie especuló que capturar fotos comprometedoras de Yelena podría venderse lucrativamente a los paparazzi y exponer la supuesta duplicidad de Yelena. Tal escándalo podría aplastar a Yelena bajo el peso del escrutinio público y obligarla a retirarse de la competición.
Al salir de la sala de entrenamiento, Yelena miró a su alrededor y sus ojos se abrieron con asombro: ¡era Austin! Había viajado desde Kheley solo para verla.
Bajo la luz de la luna, sus sombras se fundieron en el suelo, mezclándose en una danza silenciosa y cálida.
Los ojos de Yelena brillaban con la intensidad de una supernova. Susurró con voz temblorosa e incrédula: «¿Qué te trae por aquí?».
Austin la miró con ojos llenos de afecto tácito, con una mirada suave y anhelante.
«Te echaba de menos», susurró. «Necesitaba ver tu sonrisa, oír tu voz y asegurarme de que estabas bien. Así que vine a verte».
Sus palabras eran como una brisa relajante, acariciando suavemente el corazón cansado de Yelena y despertando emociones que ella creía dormidas.
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Ella bajó la mirada modestamente, con las mejillas teñidas de un suave rubor. Sus ojos brillaban con renovada vitalidad, como si el cansancio anterior se hubiera disuelto en el aire nocturno.
Sus sonrisas silenciosas lo decían todo, su profunda conexión y afecto se comunicaban sin necesidad de palabras.
Sin embargo, ese tierno momento era observado en secreto por Annie, que acechaba en las sombras, con los ojos ardientes de envidia y resentimiento.
Silenciosamente, sacó su teléfono y capturó la escena, con una sonrisa de satisfacción en los labios al imaginar que su plan estaba dando sus frutos.
Yelena preguntó entonces: «¿Cómo está tu abuela?».
Austin respondió: «Está bien. Te manda recuerdos». Rápidamente desvió la conversación para evitar más preguntas sobre la familia, disfrutando de ese momento único a solas con Yelena. «Mamá y Ellen también están muy bien. La abuela tiene muchas ganas de ver tu espectáculo y ha prometido que lo verá».
Tomada por sorpresa, los ojos de Yelena brillaron con una mezcla de alegría y vergüenza. Tímidamente preguntó: «¿Por qué se lo has dicho?».
Austin sonrió. «¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Esperar a que se topasen con el programa y se enterasen por casualidad? Pensé que era mejor decírselo directamente».
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