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Capítulo 1091:
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Yelena esbozó una pequeña sonrisa. «No es nada. Es lo que hacen los compañeros de equipo».
Annie observaba desde un lado, con las emociones a flor de piel.
Simone y Hannah miraron a Yelena con admiración en sus rostros. No importaba lo mal que se pusieran las cosas, mientras Yelena estuviera allí, sentían que siempre podrían salir adelante.
Sin que ellas lo supieran, Sonya acechaba en las sombras, observando cómo se desarrollaba la escena. Su expresión se ensombreció y su odio hacia Yelena ardió con más fuerza que nunca.
Pero también sabía una cosa: cara a cara, no era rival para Yelena. Así que Sonya comenzó a tramar en silencio un plan para derrotar a Yelena.
Mientras tanto, en la sala de ensayo que les habían asignado, por fin llegó el momento de concentrarse en los ensayos.
Como capitana, Annie ya había ideado un plan la noche anterior.
Se colocó al frente y les asignó a Simone y Hannah las partes de armonía. Luego, le entregó a Yelena la parte más difícil de la canción: el clímax, que requería una voz fuerte y controlada para alcanzar las notas altas.
Además, Annie le asignó la coreografía más exigente: acrobacias aéreas combinadas con una entrada giratoria, tratándola prácticamente como a una artista de circo.
«Si nadie tiene nada que objetar, seguiremos con este plan».
Simone miró a Yelena con preocupación. Con su temperamento fogoso, era inevitable que se rebelara contra un reparto tan injusto… ¿no?
Pero, para su sorpresa, Yelena se limitó a decir: «Vale, hagámoslo».
Annie frunció ligeramente el ceño y una mirada indescifrable cruzó sus ojos.
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Había ideado todo el plan con la esperanza de que Yelena se resistiera para poder acusarla de no seguir las instrucciones y encontrar una forma de echarla.
Pero Yelena se había dado cuenta de todo. Aceptó sin dudarlo.
Annie se quedó allí, momentáneamente atónita y en silencio.
Yelena arqueó una ceja. —¿Y ahora qué? ¿No deberíamos empezar?
Annie volvió a prestar atención y se humedeció los labios con torpeza. «Sí. Empecemos».
Simone apretó los labios, con una mirada preocupada mientras observaba a Yelena.
Annie notó que Yelena parecía distante durante el entrenamiento. Aunque ejecutaba los movimientos de forma mecánica, tenía la mirada perdida y le faltaba el brillo habitual.
Una sonrisa fría se dibujó en los labios de Annie. Decidió no enfrentarse a Yelena de inmediato, sino elaborar un plan más retorcido.
Vio la distracción de Yelena como una oportunidad de oro para provocar un desastre público durante la revisión del entrenamiento. Ese espectáculo le proporcionaría el pretexto perfecto para lanzar una crítica mordaz y consolidar así su autoridad.
Al caer la noche, la sala de entrenamiento estaba iluminada con luz artificial. Yelena, que había estado ensayando sin descanso durante todo el día, estaba empapada en sudor, la viva imagen del agotamiento.
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