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Capítulo 1027:
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—Lo oí por casualidad a John —explicó Yelena con naturalidad.
Scarlet asintió. —Ya veo.
Yelena metió la mano en el bolsillo y sacó un frasco pequeño. —Tengo algo que podría ayudarte. Puedes llevártelo y probarlo si quieres.
Scarlet estaba a punto de negarse, pero algo en la expresión de Yelena la detuvo.
Por razones que no podía explicar, se encontró extendiendo la mano y aceptando el medicamento.
—Gracias —dijo.
Yelena asintió con la cabeza.
—No es nada. Voy a seguir corriendo.
—De acuerdo.
Scarlet vio cómo Yelena se alejaba trotando, con la mirada perdida en sus pensamientos. Había algo diferente en Yelena. La primera vez que se habían visto, había mostrado preocupación de forma muy natural. Y ahora, sin siquiera haberse presentado, ya sabía quién era Scarlet e incluso había tomado la iniciativa de preguntarle por su bienestar.
Esto llevó a Scarlet a sospechar que Yelena probablemente conocía su identidad desde la primera vez que se vieron. Aun así, Scarlet no podía quitarse de la cabeza la sensación de que Yelena era diferente. La mayoría de la gente, al descubrir la identidad de Scarlet, se habría desvivido por complacerla, con la esperanza de obtener algo a cambio. ¿Pero Yelena? Ella se mostraba indiferente, casi como si no le interesara en absoluto. Y eso, más que nada, hizo que Scarlet sintiera aún más curiosidad por ella.
En ese momento, Elva salió de la casa. Tenía el ceño fruncido y se le veía una tormenta en el rostro. —Señora —dijo con voz frustrada—, ¿ha estado hablando mal de mí todo este tiempo?
Scarlet levantó una ceja divertida y soltó una suave risa. —¿Por qué piensas eso? No te ha mencionado en absoluto.
Le entregó a Elva el pequeño frasco de medicina. —Me ha dado esto. Dice que puede ayudarme con el insomnio.
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Elva cogió el frasco y lo examinó con ojos penetrantes. El envase de plástico contenía pequeñas pastillas sin etiquetar y sin ningún detalle sobre su fabricante. Frunció aún más el ceño.
—No tiene etiqueta ni indica de dónde procede. ¿Quién sabe de dónde lo ha sacado? No puedes tomar medicamentos al azar.
Elva ya se disponía a tirar el frasco mientras hablaba.
—Si te pasara algo después de tomarlo, sería un desastre —añadió con firmeza.
Elva veía que Scarlet se resistía a deshacerse de la medicina. Sin embargo, podía ser una cuestión de vida o muerte, y Elva no podía dejar que Scarlet hiciera lo que le diera la gana.
Scarlet dijo: «Me lo ha dado ella, no estaría bien tirarlo sin más. ¿Qué te parece? Puedes llevarlo a que lo revisen y, si todo está bien, quizá lo pruebe».
Elva asintió sin comprometerse y se guardó el frasco en el bolsillo. Pero el momento pasó y pronto se olvidó por completo.
—Después de ajustar el tratamiento de Domenic y administrarle la medicación específica, su recuperación ya es visible —dijo Jarrod con entusiasmo.
Además de esta buena noticia, había otro motivo para celebrar: el estado de Aitana también mostraba signos de mejora. Esto trajo un sentimiento de alivio y alegría a todos.
Un día, cuando Yelena salió de la habitación de Aitana, se encontró cara a cara con Ellen, que estaba de pie con los brazos cruzados. Yelena arqueó una ceja, sin impresionarse. «¿Qué pasa?». Ellen entrecerró los ojos y se acercó a ella con paso firme.
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