✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 986:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Alexander Vincent estaba sentado en el asiento trasero. Acababa de dejar a su madre en la finca y llevaba a Chloe de vuelta a su piso. Al percibir su mal humor, Chloe le había sugerido dar un rodeo. «Alexander, me siento fatal por lo que ha pasado con tu madre. ¿Podemos volver por Clarendon Street? Es más tranquila. Ahora mismo no soporto la idea de encontrarme con tráfico».
Alexander giró la cabeza y miró por la ventanilla tintada.
Sus ojos se fijaron al instante en la pareja que estaba de pie bajo la farola.
Reconoció las botas negras baratas. Reconoció el pelo rubio. Era June.
Levantó la vista. El hombre que la abrazaba giró ligeramente la cabeza contra el viento, y las pupilas de Alexander se redujeron a diminutos puntos negros.
Crawford Love. El tirano absoluto del imperio mediático de Nueva York. Un hombre cuya riqueza y crueldad eclipsaban incluso a las de Easton Hahn.
Una explosión ensordecedora resonó en la mente de Alexander.
Las piezas del rompecabezas encajaron violentamente. El abrazo con Easton Hahn en las escaleras. La íntima llamada telefónica con Easton en el balcón. Y ahora esto: envuelta en el abrigo de Crawford Love, apoyándose sumisamente contra el pecho de un magnate multimillonario de los medios de comunicación.
𝘌𝗻𝖼𝘶𝗲ntr𝗮 𝗹𝘰𝘴 𝖯𝘋𝖥 𝗱𝘦 𝗹𝖺𝘴 ոоve𝗅𝘢ѕ 𝖾𝗻 𝘯𝘰𝘷𝘦l𝘢𝘴4𝗳𝖺𝘯.c𝗈𝗺
La conclusión era incuestionable en la mente lógica de Alexander. Su genio no era una búsqueda de la ciencia. Era su activo definitivo: la moneda de gran valor que utilizaba para intercambiar por la protección y los recursos de hombres como Hahn y Love. No era simplemente una cazafortunas. Era infinitamente más peligrosa: un parásito capaz de justificar realmente la inversión. El asco que sentía se entremezclaba con una admiración aterradora e involuntaria por la magnitud de su manipulación.
A su lado, Chloe siguió su mirada. Vio a June en los brazos de Crawford.
El corazón de Chloe dio un vuelco con una alegría apenas disimulada. Se tapó la boca, fingiendo un grito ahogado. —Dios mío —susurró—. ¿Esa es June? ¿Con Crawford Love? Todo el mundo sabe que trata a las mujeres como acompañantes desechables. Qué asco.
Alexander apretó la mandíbula con tanta fuerza que el músculo se le crispó. Sus ojos grises estaban muertos, llenos de nada más que un desprecio gélido.
—Conduce —ordenó al chófer, con la voz chorreando veneno—. Aléjame de esta basura.
El semáforo se puso en verde. El Rolls-Royce atravesó rugiendo el cruce y desapareció en la oscuridad.
En la acera, el Maybach por fin se detuvo. En cuanto se abrió la puerta del coche, June empujó violentamente a Crawford. Se arrancó de los hombros el abrigo de cachemira y se lo lanzó con fuerza contra el pecho.
El Club Algonquin, situado en Back Bay, en Boston, lucía con orgullo sus siglos de historia. Las lámparas de cristal proyectaban una luz intensa por todo el salón de baile, reflejándose en los diamantes, la plata pulida y las sonrisas forzadas de las familias de la vieja aristocracia que llevaban siete generaciones midiendo su valor unas frente a otras. Afuera, un vendaval de enero sacudía las ventanas emplomadas. Dentro, el aire era cálido y sofocante, cargado de perfumes caros y de un privilegio arraigado.
La humillante escena en la calle había tenido lugar hacía dos días, pero el olor acre del puro de Crawford aún se aferraba a June como una pesadilla ineludible. Se encontraba en un rincón de la sala, una sombra entre sombras. Su vestido era de seda negra, de cuello alto y sin adornos: ni joyas, ni ornamentos. Lo había elegido a propósito, un atuendo diseñado para no llamar la atención, para cumplir con una presencia obligatoria de dos horas y para ser olvidada en cuanto se marchara. Hacía años que había aprendido que, en salones como aquel, llamar la atención era sinónimo de vulnerabilidad.
.
.
.