✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 909:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Una violenta tormenta se abatió sobre la finca de los Compton. Fuertes cortinas de lluvia golpeaban con fuerza los enormes ventanales que iban del suelo al techo del estudio principal. El viento aullaba, haciendo vibrar los gruesos cristales en sus marcos.
En el interior, la habitación parecía un campo de batalla.
Cole se encontraba en medio de los escombros, con el pecho agitado por la respiración acelerada y las venas de los ojos marcadas contra una piel pálida y exangüe. Agarró una pila de informes financieros encuadernados en cuero y los barrió del escritorio de caoba con un movimiento salvaje del brazo. Las pesadas carpetas se estrellaron contra el suelo de madera, esparciendo cientos de páginas entre los escombros.
Era un animal acorralado.
El aire le quemaba en los pulmones.
𝘋𝗲𝘀𝖼𝗎b𝗋𝖾 𝘯𝗎𝗲𝘃𝖺𝘀 𝘩is𝗍𝘰𝗋𝗂𝗮s е𝗇 𝘯𝗈v𝘦𝗹a𝘀4𝗳𝗮𝘯.𝖼𝗼m
Su asistente jefe permanecía paralizado en el umbral, con las manos temblorosas, aferrándose al itinerario impreso para el Tribunal Supremo de Manhattan. Tragó saliva con dificultad, demasiado aterrorizado para entrar en la habitación.
Cole giró bruscamente la cabeza. Su costosa corbata estaba rasgada y le colgaba holgada del cuello. Clavó sus ojos inyectados en sangre en el asistente.
—Cáncelalo —dijo Cole con voz ronca. Su voz sonaba áspera y desgarrada—. Cancela todas y cada una de las citas de mañana.
El cuerpo del asistente temblaba. Se obligó a dar un pequeño paso hacia delante.
—Señor —susurró, con la voz quebrada bajo el peso de las palabras—. El plazo de reflexión terminó ayer. El matrimonio ha terminado legalmente. La firma de la sentencia de hoy no es más que el trámite administrativo final para cerrar el expediente público. Ambos equipos de abogados ya han confirmado su asistencia. Si ahora incumple unilateralmente el acuerdo, las repercusiones en materia de relaciones públicas serán catastróficas para la junta…
La palabra legal rompió el último hilo que le quedaba a Cole de compostura.
Cole cruzó la habitación en tres zancadas. Agarró al asistente por el cuello y lo empujó hacia atrás con una fuerza aterradora, estrellándole la columna contra la fría pared de yeso.
«¡Me da igual la junta!», rugió Cole, con el rostro convertido en una máscara de pura y desesperada agonía. «¡No voy a firmar ese papel! ¡Ella no me va a dejar!».
El asistente jadeó. Los nudillos de Cole se le clavaron en la garganta, cortándole la respiración. Las manos del asistente se alzaron instintivamente, arañando las gruesas muñecas de Cole, pero no pudo moverlo. Cole estaba completamente fuera de sí: más allá de la razón, más allá de su alcance.
Unas manchas negras brotaron en los bordes del campo de visión del asistente.
Un estruendo ensordecedor rasgó el silencio de la habitación. Las pesadas puertas de roble se abrieron de un empujón desde fuera, golpeando la pared con un chasquido seco.
Eleanor Compton se encontraba en el umbral. La señora Lynch la sujetaba del brazo. Dos abogados de la familia la flanqueaban a ambos lados. El rostro de Eleanor era de una frialdad absoluta.
Recorrió con la mirada el estudio destrozado. Miró a su nieto, que gruñía y temblaba como un perro rabioso. Un destello de dolor atravesó sus viejos ojos, seguido inmediatamente por algo aún más frío.
Eleanor levantó su pesada bastón de palisandro y estrelló la punta de latón contra el umbral de mármol con un único y atronador golpe.
—¡Suéltalo! —ordenó Eleanor.
El sonido golpeó a Cole como un mazazo en la nuca. Sus anchos hombros se estremecieron. Sus dedos se tensaron y, luego, lentamente, aflojó el agarre.
El asistente se desplomó en el suelo, tosiendo violentamente, respirando con desesperación a grandes bocanadas. Se puso a gatas y salió arrastrándose del estudio.
.
.
.