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Capítulo 124:
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—Me la llevo —dijo, deslizando su tarjeta de titanio negro por el cristal—. Por favor, envuélvala en su caja de regalo de mayor categoría.
Mientras el dependiente procesaba el pago y comenzaba a atar una gruesa cinta de seda alrededor de la caja, June se giró para mirar por la ventana.
En ese momento, Cole apareció en el pasillo principal de la boutique.
Su rostro era una tormenta oscura y taciturna. Tenía la mandíbula apretada. Alycia se aferraba a su brazo derecho con un vestido de diseño, prácticamente arrastrándolo hacia la sección de joyería para elegir un collar para una próxima gala. Cole no miraba nada de las vitrinas. Tenía la mano derecha metida en el bolsillo, con los dedos acariciando sin cesar los bordes de la pulsera de trébol de oro que se había llevado del club. Su mente era un pantano de celos y paranoia del que no podía salir.
El dependiente le entregó a June la caja de Montblanc, envuelta con esmero. Ella cogió la bolsa y se dirigió hacia la salida.
Una alta columna de espejos le bloqueaba la vista. Se adentró en el pasillo principal justo en el momento en que Cole y Alycia pasaban por allí.
Sus hombros chocaron.
June dio un pequeño tropiezo. La mano de Cole se extendió por instinto, agarrándole la muñeca para evitar que cayera.
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El calor de su palma le quemaba la piel.
Durante una fracción de segundo, el corazón de Cole dio un vuelco.
Entonces June bajó la mirada hacia su mano. Sus ojos se llenaron de un disgusto visceral e inconfundible.
Liberó su brazo con un movimiento brusco y violento y dio un gran paso hacia atrás, creando deliberadamente una barrera de espacio entre ellos. Miró a Cole —y a la mujer pegada a su brazo— como si fueran algo contagioso.
Alycia enderezó la espalda de inmediato. Una sonrisa presumida y territorial se extendió por su rostro mientras se apretaba con más fuerza contra el brazo de Cole.
La mano de Cole quedó suspendida en el aire. El rechazo le golpeó como un latigazo en la cara.
Bajó la mirada. Sus ojos se posaron en la pesada caja de regalo de Montblanc, impecablemente envuelta, que June sostenía en la mano. Reconoció el embalaje al instante: el papel de color azul marino intenso, la gruesa cinta de seda plateada, la presentación exclusiva reservada para su colección masculina de alta gama. Tenía media docena de cajas idénticas en su propio estudio, en casa.
Sus pupilas se contrajeron hasta convertirse en puntos negros. —¿Qué haces comprando un bolígrafo de hombre? —Su voz era un siseo grave y peligroso. «¿Para quién es?»
June soltó una risa breve y fría. Sus ojos estaban completamente vacíos. «Estamos en pleno proceso de divorcio, Cole. Mis finanzas personales no son de tu incumbencia».
Esa evasiva fue como echar gasolina al fuego que ya ardía en su pecho. Dio un paso adelante, su figura se alzó imponente sobre ella.
«Es para Declan, ¿verdad?». La voz de Cole temblaba de una furia apenas contenida. «¿Así es como le agradeces su hospitalidad en su coche la otra noche?».
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