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Capítulo 104:
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Se volvió hacia Fernanda, con frustración crepitando en su tono. —Mamá, ¿tienes idea de cuánto hemos aguantado por ella? ¡Ya estoy harto de esperar!
Fernanda exhaló lentamente, con cansancio reflejado en su rostro. —No tenemos otra opción, Huntley. El momento oportuno lo es todo. Por ahora aguantamos, pero cuando llegue el momento adecuado, atacaremos.
Todos los músculos de su cuerpo se resistieron, pero Huntley asintió con rigidez. —Está bien. Lo entiendo.
En cuanto Fernanda salió de la habitación, su expresión cambió y la suave frustración se endureció hasta convertirse en algo despiadado.
Si no podía destruir a Collin y Linsey de una vez por todas, encontraría otra forma de hacerles sufrir.
Sus dedos se movieron rápidamente por la pantalla de su teléfono, cada toque era una promesa silenciosa de venganza.
A la mañana siguiente, Linsey entró en la oficina, lista para afrontar el día.
Apenas se había acomodado cuando Cynthia se acercó con una sonrisa burlona que apenas ocultaba su diversión.
—Linsey, he oído que te quedaste hasta tarde anoche. Sinceramente, casi esperaba que llamaras para decir que estabas enferma.
Linsey levantó la vista de su escritorio y captó al instante el tono burlón de Cynthia.
Era obvio: Cynthia ya había decidido que ella fracasaría en este trato. Esa repentina muestra de preocupación no era más que una excusa para restregárselo en la cara.
Manteniendo una expresión neutra, Linsey la miró a los ojos y dijo con frialdad: «Cynthia, no perdamos el tiempo fingiendo que nos caemos bien. Las dos sabemos que no es así».
Inclinando ligeramente la cabeza, añadió con un toque de diversión: —Si no hubiera venido yo, ¿quién se habría encargado del cliente? ¿Tú? ¿Estás segura de que estás a la altura?
Una pizca de irritación cruzó el rostro de Cynthia. Linsey se atrevía a cuestionar sus habilidades.
Cynthia se burló y cruzó los brazos. —No te creas tan importante, Linsey. Que tengas confianza no significa que vayas a conseguirlo».
«De hecho, sé que lo haré», respondió Linsey sin dudar.
Cynthia soltó una risa aguda, con los ojos brillando de desdén. «Sigue soñando. Antes de entrar en CR Corporation, no tenías experiencia real. Solo me superaste en la entrevista por pura suerte. ¿De verdad crees que la suerte no se acabará?».
Su voz se redujo a un susurro acerado. —Estaré aquí cuando finalmente fracases estrepitosamente.
Dicho esto, se dio media vuelta y se alejó con paso firme.
Derrotada en su intercambio, Cynthia decidió dar un paso atrás y observar cómo se desarrollaban los acontecimientos.
Una vez terminadas sus tareas matutinas, Linsey cogió su teléfono y marcó el número de Anthea Blakely, la clienta relacionada con su acuerdo actual, con la esperanza de concertar una reunión.
Pasaron los minutos, pero nadie respondió a la llamada.
Decidida a no perder tiempo, después de comer tomó una decisión: ir a visitar a Anthea a su casa. Una presentación en persona podría darle la ventaja que necesitaba.
Sin que ella lo supiera, Anthea ya estaba recibiendo a un visitante inesperado.
Sentado en el elegante salón no era otro que Collin.
—Sra. Blakely, espero no molestar —dijo Collin, con tono cortés pero firme.
Anthea, tomada por sorpresa, parpadeó sorprendida.
Con su apretada agenda, era raro ver a Collin en persona. Su repentina aparición hoy era sin duda algo fuera de lo común.
—Collin, ¡qué agradable sorpresa! ¿Hay algo en tu mente? —preguntó Anthea con sincero calor.
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