✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 103:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Respiró lentamente, reprimiendo la emoción que amenazaba con aflorar. En lugar de eso, se limitó a decir: «Está bien».
Pero en el fondo, hizo una promesa en silencio: pasara lo que pasara, costara lo que costara, protegería a Linsey de cualquier daño. Ella nunca tendría que luchar sola.
Después de que Linsey y Collin se marcharan, el banquete de cumpleaños, antes tan animado, se convirtió en un final incómodo y apresurado. Las conversaciones se apagaron, los invitados intercambiaron miradas incómodas y la tensión se palpaba en el aire como un frío inquebrantable.
Mientras tanto, los gemidos y lamentos de Huntley resonaban en el salón ahora vacío. Fernanda, sin embargo, no se inmutó.
¿Cuánto daño podía causar Collin, un hombre limitado por su discapacidad?
Conocía bien a su hijo. Huntley había sido mimado desde que empezó a andar, y convertía incluso la más mínima molestia en una experiencia traumática. Pensó que esto no era diferente, solo otro arrebato dramático.
Pero en cuanto llegaron al hospital y la expresión del médico se ensombreció en mitad de la exploración, la confianza de Fernanda se tambaleó. Se había equivocado por completo.
—La lesión no parece demasiado grave a simple vista. Pero el daño ya ha llegado al hueso. Si la fuerza hubiera sido mayor, podría haberle quedado la mano inválida para siempre —dijo el médico, con voz mesurada pero grave.
Fernanda contuvo el aliento. Abrió los ojos con incredulidad. «¿Cómo es posible?», balbuceó, agarrándose el borde del abrigo con los dedos.
Huntley soltó un nuevo gemido, con el rostro contorsionado por el dolor. «¡Ese bastardo de Collin! ¡Lo juro, le haré pagar por esto!».
El médico, que vendaba metódicamente la mano de Huntley, luchó contra el escalofrío que le recorría la espalda.
Fuera cual fuera el rencor que se tenían estas personas, se había convertido en algo mucho más desagradable de lo que él quería verse envuelto.
—¡Suave, maldita sea! —espetó Huntley, con el rostro empapado en sudor frío.
—Sí, sí, claro —tartamudeó el médico, asintiendo apresuradamente mientras ajustaba el vendaje, con cuidado de no provocar otro arrebato.
Fernanda se cernía junto a su hijo, secándole la frente con un pañuelo, con el corazón encogido al ver su dolor. Pero mientras lo observaba, una sombra de inquietud cruzó su rostro.
—Realmente he juzgado mal a Collin —murmuró, apenas en un susurro.
Huntley apretó la mandíbula, con la rabia hirviendo bajo su humillación. La idea de quedar casi lisiado, precisamente por Collin, era insoportable.
Desde que tenía uso de razón, Collin no había sido más que una sombra sin valor en la familia Riley, una carga que Huntley había descartado hacía tiempo. Él era el heredero legítimo. Él era el destinado a la grandeza.
¿Pero ser humillado por alguien a quien siempre había considerado inferior? Era una vergüenza que Huntley no podía soportar.
La furia de Huntley hervía bajo la superficie, apretaba los dientes con tanta fuerza que le dolía la mandíbula. —Collin no se saldrá con la suya. Y esa mujer… ¿Cómo se atreve a humillarme? Nadie en el pueblo me ha hablado así y se ha salido con la suya. Los dos lo lamentarán.
Fernanda apretó los labios y habló con voz mesurada. —Huntley, contrólate. Ivy sigue aquí. Nunca me ha caído bien y, por eso, también se ha mantenido alejada de ti. Si se entera de esto, se pondrá del lado de Collin sin dudarlo.
La mención de Ivy provocó otra oleada de ira en Huntley. Apretó los puños y su expresión se ensombreció aún más.
La voz de Huntley rezumaba veneno. —Ella es la única razón por la que papá aún no me ha dado el puesto de heredero.
.
.
.