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Capítulo 997:
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No quería soltarla.
Pero Charlee no dudó. Se liberó de su abrazo.
Se acercó a su escritorio, abrió un cajón y sacó un documento. «Esto es lo que me diste hace tres años». Su voz era tranquila, sin emoción. «Ahora te lo devuelvo».
Era el acuerdo de transferencia de propiedad, el que él había firmado cuando le pidió matrimonio, cediéndole todos sus bienes.
Ahora se lo devolvía.
Una ruptura definitiva.
Los recuerdos inundaron la mente de Marc como una tormenta, cada uno más intenso que el anterior. Sus ojos se nublaron de tristeza.
No cogió el documento. Se quedó allí de pie, mirándola en silencio.
Su mirada rebosaba impotencia y un anhelo inexpresable.
Charlee no se atrevía a mirarlo más.
Tenía miedo, miedo de que, si lo hacía, no pudiera seguir enterrando todo.
Le arrojó el documento en las manos y se dio la vuelta, huyendo de la habitación como si escapara de sus propias emociones.
—¡Charlee!
La voz de Marc resonó detrás de ella, cruda y desesperada. Pero ella no se detuvo. No se volvió.
Su silueta desapareció lentamente por el pasillo, dejando a Marc allí de pie, con el pecho dolorido como si le hubieran arrancado algo.
¡Él no quería el divorcio!
La deuda que tenía con Bettina… la pagaría de otra manera.
Durante tres años, ella le había susurrado veneno al oído, insistiendo en que Charlee había destruido su relación, que había tramado robarle todo, que incluso había orquestado el accidente que casi le cuesta la vida.
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Pero ahora parecía que Bettina había estado mintiendo.
Marc apretó con fuerza el documento y su expresión se volvió fría e indescifrable.
Sacó su teléfono y marcó un número.
—Investígalo por mí. Quiero saber todo lo que pasó entre Charlee y yo hace tres años. Hasta el último detalle.
Una voz al otro lado respondió rápidamente antes de que se cortara la llamada.
Mientras tanto, Charlee se deslizó por la escalera de emergencia.
Con la espalda apoyada contra la fría pared, se deslizó lentamente hasta el suelo. Abrazándose las rodillas, exhaló un tembloroso suspiro. Entonces, las lágrimas comenzaron a brotar, silenciosas e implacables.
No quería pensar en el divorcio.
Se había convencido a sí misma de que descubrir la verdad sobre la familia Quimby era por el bien de Kason.
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