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Capítulo 984:
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«Marc, para».
La voz de Charlee lo interrumpió, suave pero cansada, como si el peso del mundo se hubiera colado en sus palabras.
Marc la miró fijamente, abriendo los labios para hablar, pero no le salieron las palabras. Charlee respiró lenta y profundamente, levantó la mirada y su expresión era indescifrable.
—Comamos.
Dicho esto, cogió el tenedor y empezó a comer.
Marc exhaló un silencioso suspiro de alivio, aunque no dijo nada. Él también cogió el tenedor y, por un momento, el único sonido fue el suave tintineo de los cubiertos contra la porcelana.
La habitación parecía más pequeña ahora, solo el ocasional ruido de los platos rompía el silencio.
—Señor, señora, la señora Arnaya Harris me ha pedido que les traiga un poco de sopa. —La voz de Arnold rompió de repente el silencio, su presencia una breve interrupción.
Tanto Marc como Charlee se volvieron hacia la puerta, donde Arnold estaba de pie sosteniendo una bandeja con un recipiente térmico. Lo colocó con cuidado sobre la mesa e hizo una ligera reverencia.
—La señora Amaya Harris ha pedido expresamente que se preparara esto para ustedes. Por favor, tómenlo mientras esté caliente.
Marc asintió con la cabeza, su expresión suavizándose. —Entendido, puede retirarse.
Arnold obedeció con un gesto y se marchó sin decir nada más.
Marc abrió el recipiente térmico, liberando un aroma rico y apetitoso en el aire. Sirvió dos tazones de sopa y le entregó uno a Charlee con una invitación silenciosa. —Toma un poco de sopa para entrar en calor.
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Charlee miró el plato, y el calor que desprendía le calentó el corazón. Era la amabilidad de Amaya, un gesto que no podía rechazar.
Con un suave suspiro, tomó el plato y probó la sopa. El sabor era reconfortante, con un dulzor sutil pero relajante.
—Gracias.
Las palabras de Charlee fueron un murmullo, y su gratitud fluyó con la sencillez del gesto.
Marc sonrió, con una calidez genuina brillando en sus ojos. —No tienes por qué darme las gracias, es de la abuela.
Tomó un sorbo de su sopa, luego dejó el plato y fijó la mirada en Charlee.
—Charlee, nosotros…
—Marc, Charlee, ¿están cenando?
La voz de Arnaya, ligera y llena de calidez, lo interrumpió.
Tanto Marc como Charlee levantaron la vista y dirigieron la mirada hacia la puerta.
Amaya entró en la habitación con Kason en brazos y el rostro iluminado por una sonrisa tierna y afectuosa.
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