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Capítulo 978:
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Charlee levantó la cabeza instintivamente y sus ojos se encontraron con los de Shane.
Su rostro estaba tenso por la preocupación, con el ceño fruncido en profunda inquietud. Su mirada recorrió la habitación antes de fijarse en Charlee.
En el instante en que sus ojos se posaron en su rostro pálido y agotado, una chispa de preocupación brilló en su mirada, solo para ser rápidamente ahogada por la rabia que apenas podía contener.
Debía de haber visto a Liam fuera.
Justo cuando Shane abrió la boca para hablar, las palabras murieron antes de salir de sus labios. Sus agudos ojos se posaron en Charlee y finalmente se detuvieron en la otra persona que había en la habitación.
Marc.
En el momento en que Shane se percató de la presencia de Marc, lo que fuera que iba a decir se le atascó en la garganta.
Apretó la mandíbula y cerró los puños a los lados del cuerpo, pero no dijo nada.
Se quedó allí, rígido y en silencio.
Marc también se había dado cuenta de la llegada de Shane.
Se giró ligeramente y le lanzó una mirada distante y cautelosa al hombre que tenía delante.
No tenía ni idea de quién era Shane, pero una cosa era evidente: su preocupación por Charlee era genuina, sin fingimiento. Y, por alguna razón, eso no le gustaba a Marc.
Reprimiendo la extraña incomodidad que se agitaba en su pecho, Marc exhaló lentamente y se volvió hacia Charlee. —Voy a buscar tu medicación. —Sin decir nada más, se dio la vuelta y se marchó, dejándoles a ella y a Shane el espacio que necesitaban.
La habitación se sumió en un silencio denso y pesado tras la ausencia de Marc.
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Al cabo de un rato, Shane se movió.
Se acercó a la cama, acercó una silla y se sentó a su lado.
—¿Ha… recuperado la memoria? —Su voz era tranquila, pero firme.
Charlee no respondió de inmediato. En lugar de eso, se limitó a negar con la cabeza, porque, sinceramente, no sabía muy bien cómo responder.
—Si realmente te ha recordado, si todavía te quiere, déjale entrar. Date una oportunidad, Charlee. No dejes que el arrepentimiento te persiga».
La voz de Shane transmitía una calidez genuina, de la que solo un verdadero amigo puede hacer gala.
Charlee permaneció en silencio durante un largo rato y, finalmente, esbozó una pequeña sonrisa amarga. Su voz, ronca y frágil, apenas salió de sus labios. «Shane… ¿y si él estuviera dispuesto a matarme por otra mujer?». Sus palabras fueron poco más que un susurro.
Pero Shane captó cada palabra, clara como el agua.
Se quedó rígido, y su expresión pasó instantáneamente de la preocupación a la conmoción. «¿Qué… qué acabas de decir?». Su voz temblaba, teñida de incredulidad. «Repítelo».
Rezó para haber oído mal, aferrándose a la esperanza de que Charlee solo estuviera bromeando.
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