✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 955:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Mooney se detuvo derrapando, sacó su teléfono y marcó un número con dedos temblorosos.
—¡Hola! ¡Lleve a sus hombres al polígono industrial abandonado inmediatamente! ¡Muévase!
Tras dar la orden a gritos por teléfono, no esperó respuesta y colgó.
Sin perder ni un segundo, se dio la vuelta y salió corriendo en dirección contraria.
Tenía que llegar allí. Rápido.
En la zona industrial abandonada a las afueras de la ciudad…
Una fila de elegantes coches negros permanecía en un silencio inquietante alrededor de la fábrica en ruinas.
En cuanto se abrieron las puertas, Charlee salió flanqueada por un equipo de guardaespaldas altamente entrenados.
—Dispersaos y registrad la zona. Manteneos alerta.
Su voz era tranquila, pero su mirada aguda no se le escapaba ni un detalle.
Recorrió los alrededores con meticulosa precisión, escudriñando cada rincón, cada sombra que se movía.
—¡Sí, señora Sullivan! Los guardaespaldas se movieron con rapidez, fundiéndose con la oscuridad.
Los ojos de Charlee se dirigieron hacia la destartalada fábrica que tenía delante.
La entrada estaba abierta de par en par.
Bajo el tenue resplandor de las luces parpadeantes, pudo distinguir maquinaria oxidada cubierta por capas de polvo y telarañas. Avanzó con cautela, midiendo cada paso.
Pero justo cuando se adentraba más en el interior, dejando de estar protegida por un momento…
—¡Zas!
Solo disponible en ɴσνє𝓁α𝓼4ƒα𝓷.ç◦𝓂 para ti
¡Una enorme red negra cayó sobre ella desde arriba!
—¡Ugh!
Antes de que pudiera reaccionar, la envolvió, haciéndola perder el equilibrio.
Se debatió contra el material grueso e inflexible, tensando los músculos mientras intentaba liberarse. Fue inútil. La red era increíblemente resistente, por mucho que luchara.
—¡Maldita sea! —murmuró entre dientes, mientras sus instintos le gritaban una advertencia terrible: peligro.
«Clang…».
La pesada puerta de hierro se cerró de golpe con un estruendo atronador, cuyo sonido rebotó en las paredes de la fábrica abandonada como un disparo en plena noche. Un escalofrío recorrió la espalda de Charlee.
Luego se oyó una risa: baja, lenta y llena de malicia.
«Jajaja…».
Charlee sintió un nudo en el estómago.
Una sombra se movió en la penumbra y, de la oscuridad, emergió una figura.
Era un hombre alto, vestido con un elegante traje negro. Su rostro permanecía oculto bajo una grotesca máscara que ocultaba lo que había debajo.
.
.
.