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Capítulo 934:
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De repente, Marc extendió la mano y le agarró la muñeca, no con fuerza, sino con una necesidad desesperada que no podía ignorar.
—¡Mírame, Charlee! —Su voz era firme, pero con un tono de ternura innegable.
Charlee no tuvo más remedio que levantar la cabeza y mirarlo a los ojos. En ese fugaz instante, Marc vio reflejado su propio anhelo, entremezclado con un arrepentimiento inexpresable.
—Charlee…
Abrió la boca para hablar, pero una repentina oleada de mareo lo invadió como una marea traicionera. Su visión se nubló y, antes de que pudiera recuperarse, su cuerpo se derrumbó. Tropezó hacia adelante.
—¡Ah! —exclamó Charlee, instintivamente extendiendo la mano hacia él.
Pero era demasiado tarde.
Ambos cayeron juntos en un amasijo enredado.
—Ugh… —Charlee hizo una mueca de dolor al sentir un dolor agudo y punzante en el tobillo. Se lo había torcido.
—¿Te has hecho daño? —La voz de Marc, tensa y entrecortada, seguía llena de preocupación.
Ignorando su propio malestar, se incorporó y trató de ayudarla.
—¡No te muevas! —La voz de Charlee sonó más aguda de lo que pretendía, con el rostro pálido y cubierto de sudor.
—Creo que me he torcido el tobillo —murmuró con voz temblorosa.
Marc se acercó, su expresión se suavizó. Dejó que ella se apoyara en él y la sujetó con delicadeza.
—Déjame ver. —Su voz era baja y firme.
Bajó la mirada y se le encogió el corazón al ver el tobillo de ella, que ya se estaba hinchando y tenía la piel enrojecida y tensa.
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—¿Te duele mucho? —preguntó en un susurro.
Charlee se mordió el labio y asintió con la cabeza a pesar del dolor. —Sí.
La mirada de Marc se oscureció con culpa, y su voz se llenó de remordimiento. —Lo siento mucho. Todo es culpa mía.
Charlee no respondió. Solo lo miró fijamente, con los ojos diciendo más que las palabras.
Marc respiró con dificultad, obligándose a controlar sus emociones. Tenía que mantener la calma.
Con sumo cuidado, le quitó el zapato y comenzó a masajearle el tobillo, con las manos ligeras como una pluma, cauteloso, como si ella pudiera romperse al menor contacto.
Sus dedos rozaron su piel, suaves y cálidos, provocándole un escalofrío inesperado. El cuerpo de Charlee tembló involuntariamente.
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