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Capítulo 931:
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«Abuela…».
Levantó los ojos hacia ella, con un tono de voz que delataba una vulnerabilidad poco habitual en él. «¿Puedo tener más tiempo para pensarlo?».
Amaya lo estudió, y su silencio se extendió entre ellos como una verdad tácita.
Entonces, por fin, dejó escapar un suspiro lento y mesurado.
—Marc, siempre has sido muy decidido. Si has tomado una decisión, entonces sigue adelante. Pero, el camino que elijas, no traiciones tu conciencia, y no traiciones a Charlee.
Marc sintió un nudo en el pecho. La culpa brilló en sus ojos cuando se encontró con la mirada de su abuela.
—Abuela, lo siento…
Amaya se limitó a negar con la cabeza, sin decir nada.
En ese momento, la puerta se abrió con silenciosa elegancia.
Charlee entró con una bandeja en las manos. Una fina cinta de vapor se elevaba del plato de sopa que había encima.
—Amaya, te he preparado un poco de sopa. Tómala mientras esté caliente. —Su voz era fría, firme, desprovista de emoción. Se movía con naturalidad y compostura, y dejó la bandeja sobre la mesita junto a la cama.
—Charlee, has venido. —La mirada de Amaya se suavizó al ver a Charlee, y una sonrisa tierna se dibujó en su rostro.
—Sí.
—Amaya, ¿quieres un poco de sopa primero? —La voz de Charlee transmitía una tierna tranquilidad, teñida de preocupación.
—Está bien. —Amaya asintió con la cabeza, levantó el plato y bebió lentamente, como saboreando tanto el calor como el consuelo que le proporcionaba. Charlee se quedó de pie a su lado en silencio, observándola con atención, con una expresión que era una mezcla de preocupación y afecto.
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Marc observó a Charlee, sintiendo cómo una inexplicable oleada de emoción se apoderaba de él, un sentimiento que no podía definir ni sacudirse de encima.
Mientras Amaya bebía, sus ojos se desviaban de vez en cuando hacia Charlee, sintiendo el peso tácito que flotaba en el aire. No le costó mucho darse cuenta de que Charlee tenía el corazón apesadumbrado y, fuera lo que fuera, Marc parecía estar en el centro de ello.
Cuando el cuenco quedó vacío, Amaya lo dejó sobre la mesa con un suspiro. Tomó la mano de Charlee y le dio una palmadita suave y tranquilizadora. Su voz, aunque suave, tenía el peso de alguien que había superado muchas tormentas. —Charlee, querida —comenzó, con tono sincero—. Sé que eres una buena niña. Has soportado más que la mayoría. Marc… ahora mismo no piensa con claridad. Ha cometido errores, errores estúpidos. No dejes que eso te afecte».
Charlee miró a Amaya a los ojos, con una mezcla de vulnerabilidad y determinación. «Lo entiendo, Amaya». Hizo una pausa y dijo con voz firme pero tranquila: «No te preocupes. Yo me encargaré de lo nuestro».
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