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Capítulo 872:
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Sin dudarlo, Charlee se dio la vuelta y se dirigió hacia sus asientos.
Marc los vio alejarse juntos, con la frustración apretándole el pecho.
Ella lo había ignorado. Por completo.
—Marc, ¿qué pasa?
La voz de Bettina era suave, fingiendo preocupación.
—Nada.
Esa sola palabra fue todo lo que dijo antes de avanzar con paso firme, sin dudar de su destino. Directo hacia Charlee y Slater.
Entonces, para sorpresa de todos los presentes, sacó una silla y se sentó justo al lado de Charlee.
La sala se llenó de un murmullo de asombro.
Nadie esperaba que Marc hiciera algo así.
Bettina se quedó paralizada, completamente sorprendida por la inesperada reacción de Marc. Había planeado meticulosamente utilizar a Slater para despertar los celos de Marc y crear una brecha entre él y Charlee. Pero, en cambio, todo su plan había fracasado estrepitosamente. No solo había fracasado, sino que Marc parecía aún más fijado en Charlee que antes. Una ola de furia y celos la invadió.
Apretando los dientes, la siguió rápidamente y se deslizó en el asiento al otro lado de Marc.
Ahora, los cuatro estaban sentados en fila, un cuadro extraño y lleno de tensión que atrajo más de una mirada curiosa.
Charlee sintió la rigidez en su cuerpo, sus músculos tensos por la inquietud.
—Señorita Sullivan, cuánto tiempo sin verla.
La voz de Marc rompió el silencio cargado, suave pero con un matiz indescifrable.
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Charlee se tensó aún más y giró la cabeza hacia él con cuidado. Ese rostro, que antes le resultaba tan familiar, el mismo que la había atormentado en sus noches inquietas, ahora le parecía distante, extraño.
Se obligó a mantener la compostura, apartando la incomodidad que se enroscaba en su pecho. Cuando habló, su voz era fría y distante. —Sr. Harris, nos conocimos anteayer.
La forma en que enfatizó su nombre, «Sr. Harris», trazó una línea firme entre ellos, un límite que él no podía ignorar.
Fuera del trabajo, no quedaba nada entre ellos.
Marc frunció aún más el ceño, y la irritación afloró a la superficie.
No sabía por qué, pero el tono indiferente de Charlee le molestaba. Odiaba la frialdad de su voz, odiaba aún más la forma en que lo miraba como si no fuera más que un conocido pasajero.
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