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Capítulo 862:
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Slater… ¿qué estaba tramando?
¿Por qué la estaba ayudando? ¿Era solo por ese anillo?
No podía creerlo.
Aunque conocía a Slater, su vínculo no era precisamente de parentesco.
—Señorita Sullivan, ¿qué pasa por su cabeza? —La voz de Slater rompió el silencio, devolviéndola al presente.
Charlee parpadeó, sacándose de sus pensamientos. —Nada —respondió con tono neutro.
—¿Sigue pensando en el señor Harris? —insistió Slater.
Ella permaneció en silencio, pero su silencio lo decía todo.
—Señorita Sullivan —la voz de Slater se hizo más grave, sus palabras ahora tenían más peso—. No tiene por qué cargar sola con ese peso. Si necesita ayuda, solo tiene que pedírmela.
Charlee volvió la mirada hacia él y lo miró a los ojos.
—Gracias, señor Quimby, pero puedo ocuparme de mis propios asuntos —respondió con voz firme y segura.
Slater esbozó una pequeña sonrisa, pero no dijo nada más.
El coche siguió su camino y finalmente se detuvo en Crescent Haven.
—Señorita Sullivan, hemos llegado —anunció Slater.
Ella asintió con la cabeza, se desabrochó el cinturón de seguridad y se dispuso a salir.
—Espere —la voz de Slater la detuvo en seco.
Charlee se volvió hacia él.
Slater sacó una tarjeta de visita de su bolsillo y se la entregó con discreta elegancia.
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—Este es el contacto de un amigo mío. Es un maestro en restauración de joyas. Póngase en contacto con él para lo del anillo.
Charlee tomó la tarjeta, rozándola ligeramente con los dedos. Era sencilla, solo tenía un nombre y un número: «Dougal Burke».
—Gracias —dijo, guardándola antes de salir del coche.
Slater se quedó en su sitio, observándola mientras se alejaba hacia la villa, con una sutil sonrisa de complicidad en los labios.
—Han pasado tres años y has cambiado mucho —murmuró en voz baja—. Pero en el fondo sigues siendo la misma. Lástima que ahora estemos en bandos opuestos. Arrancó el motor y se alejó lentamente, mientras la villa se desvanecía en el retrovisor.
Poco después, un elegante sedán negro emergió de las sombras y lo siguió en silencio.
Dentro del coche, el rostro de Pearl era un torbellino de emociones, con una expresión de incredulidad.
Slater había llevado personalmente a Charlee a casa. ¿Qué había cambiado entre ellos?
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