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Capítulo 858:
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Ella despertó en él un recuerdo, un reflejo de sus propias luchas implacables de veinticinco años atrás.
De la nada, un coche se abalanzó sobre ellos como una bestia salvaje, con los faros cegadores atravesando el aguacero y fijos en Charlee. —¡Esa no es forma de tirar tu vida por la borda!
El rostro de Slater se contorsionó alarmado y, antes de que pudiera pensar, su cuerpo se movió por puro instinto.
Gritó su nombre y se abalanzó sobre ella, rodeándola con sus brazos y empujándola fuera de peligro.
«¡Bang!
El coche pasó a toda velocidad, rozándolos por centímetros, y la fuerza del impacto arrancó el paraguas de las manos de Slater y lo lanzó por los aires. Rodaron por el suelo resbaladizo, sus cuerpos chocando contra el barro y la grava hasta que finalmente se detuvieron, torpes y sin aliento.
—¿Estás herida? —preguntó Slater, olvidando su propio dolor mientras le escudriñaba el rostro.
Charlee, aún acurrucada en sus brazos, estaba inmóvil, con la piel pálida como la muerte y los ojos vacíos por la conmoción.
Se limitaba a mirarlo, perdida y temblorosa, como si su mente no hubiera asimilado lo que acababa de pasar.
La lluvia seguía cayendo, empapándolos a ambos, y Charlee, mojada hasta los huesos, parecía un fantasma de sí misma. Mechones de pelo mojado se le pegaban a las mejillas y el agua le goteaba de las pestañas.
Entonces, algo llamó su atención y, de repente, su expresión aturdida se iluminó.
—¡El diamante! —jadeó. Empujando a Slater a un lado, se puso en pie a toda prisa, casi resbalando mientras corría hacia delante.
Justo donde habían caído, un diamante deslumbrante brillaba bajo la lluvia, sin perder ni un ápice de su brillo.
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Charlee lo recogió con dedos temblorosos y lo apretó con tanta fuerza que parecía que fuera a desaparecer si lo soltaba. —Lo encontré… Por fin lo encontré…
Las lágrimas brotaron de sus ojos y se mezclaron con la lluvia que le corría por el rostro.
Sus manos temblaban mientras limpiaba la suciedad de la piedra.
Lo apretó contra su pecho, como si quisiera extraer calor de su superficie fría e inflexible, como si aún latiera el corazón de Marc.
Entonces, la realidad volvió a centrarse en ella. Se giró, recordando solo entonces que había alguien más allí.
Una figura familiar la observaba con una sonrisa de diversión en los labios.
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