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Capítulo 822:
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«Aún no lo sabemos con certeza. La policía va a reabrir la investigación. Pero la buena noticia es que Eloise está libre, y eso es algo por lo que hay que estar agradecidos».
Bettina colgó el teléfono, que se le resbaló de la mano. Se quedó inmóvil, con la mirada perdida, mientras un torbellino de pensamientos se arremolinaba en su cabeza. «Es una maestra de la manipulación, ¿verdad?».
Bettina dejó el teléfono con deliberada lentitud, con una fría sonrisa en los labios.
Sus dedos acariciaron sus uñas impecables, cada caricia deliberada, mientras sus ojos brillaban con intención calculada.
La puerta se abrió con un chirrido y Marc entró.
Alto, imponente, su presencia seguía irradiando poder, incluso con la sombra de la pérdida de memoria aferrada a él.
—¿Qué te ha hecho sonreír? —preguntó Marc, al notar la expresión inusual, casi irreconocible, en el rostro de Bettina.
Bettina se puso de pie de un salto, deslizándose hacia él como una tormenta en el horizonte, y le enganchó el brazo con fingida urgencia.
—Marc, no tienes ni idea de lo asustada que estaba. —Marc frunció el ceño, intrigado—. ¿Qué ha pasado?
Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas y su voz temblaba de emoción. —Charlee… ha inculpado a la señora Eloise Harris por envenenar la comida. Incluso ha conseguido que la arresten. Si la policía no hubiera descubierto la verdad, ¿quién sabe cuánto tiempo habría pasado Eloise entre rejas?».
El rostro de Marc se ensombreció en un instante, sus rasgos se tensaron y la rabia brilló en sus ojos. «¿De verdad hizo eso?».
Bettina le puso la mano suavemente en el pecho y le susurró con voz suave: «Por suerte, Eloise está bien ahora. Si no…. No sé cómo lo habría soportado. Charlee… no se detendrá ante nada para hacerse con la fortuna del Grupo Harris».
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Marc apretó la mandíbula y entrecerró los ojos con determinación. No dijo nada, pero su silencio lo decía todo.
Su desdén por Charlee siempre había sido palpable, pero ahora había alcanzado nuevas cotas.
Entonces, como si algo hubiera hecho clic en su mente, rompió el silencio. —Por cierto, ¿por qué ha habido una entrada repentina de dinero en la cuenta de la empresa últimamente?
Bettina perdió la compostura por un instante, y su rostro se iluminó con incertidumbre antes de recuperar rápidamente su habitual aplomo. —Oh, eso… es de algunas inversiones recientes en el extranjero. Aún no había tenido oportunidad de informarte.
«¿Inversiones en el extranjero?», preguntó Marc arqueando una ceja, con mirada escéptica. «¿Tanto?».
«Sí, es de unos proyectos internacionales. Es un poco complicado, pero lo organizaré todo y te lo explicaré en un par de días». Bettina esbozó una sonrisa forzada, aunque por dentro se sentía revuelta.
A pesar de su pérdida de memoria, el instinto de Marc seguía siendo muy agudo.
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