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Capítulo 751:
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El corazón de Bettina dio un vuelco y, antes de que pudiera detenerse, soltó: «¡Es Charlee Sullivan, la presidenta del Grupo Harris! ¡Una mujer llena de intrigas! ¡Deberías mantenerte alejado de ella!».
«Charlee…», murmuró Marc entre dientes, frunciendo el ceño.
Algo le sonaba familiar, pero no conseguía recordar qué.
Al percibir su interés, Bettina se tensó. El pánico se apoderó de ella y se aferró a su brazo, apretando los dedos como si se tratara de un salvavidas que se le escapaba de las manos.
—Marc, vámonos. No pierdas ni un segundo pensando en ella. —Lo tiró de él, instándolo a darse la vuelta.
Mientras tanto, Charlee sintió una extraña sensación recorriendo su espina dorsal, la que se tiene cuando te observan.
Instintivamente, se detuvo y echó un vistazo por encima del hombro.
Bettina se aferraba al brazo de un hombre, guiándolo en dirección contraria. Era alto, vestía un traje de corte impecable y desprendía un aire de sofisticada tranquilidad.
Charlee entrecerró los ojos y una sombra de duda cruzó su rostro por un instante, pero la apartó rápidamente.
«Bah, otro tonto», murmuró entre dientes.
Dicho esto, se dirigió a su coche, abrió la puerta de un tirón, se deslizó en el asiento del conductor y aceleró antes de salir a toda velocidad.
En ese momento, su teléfono vibró.
Miró la pantalla y frunció el ceño: era un número desconocido. Dudó, pero finalmente respondió.
—¿Señorita Sullivan?
Una voz masculina grave y ronca se escuchó a través del receptor. Había algo inquietantemente familiar en ella.
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En cuanto la oyó, pisó el freno con fuerza. Los neumáticos chirriaron contra el pavimento.
—¿Fenton?
Su voz temblaba y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Notó las palmas de las manos sudorosas contra el volante.
—¿Eres tú de verdad? ¿Dónde estás?
Hacía tres años que Fenton había desaparecido sin dejar rastro. Ella había buscado por todas las vías posibles, pero era como si la tierra se lo hubiera tragado.
Hace solo unos días, Nadia le había pedido que lo recogiera en el aeropuerto, pero esa pista se había enfriado.
—Señora Sullivan, lo siento, pero no puedo revelarle mi paradero en este momento —la voz de Fenton era cautelosa, casi como si temiera que lo escucharan—. Mi hermano me está vigilando. Tengo que tener cuidado.
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