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Capítulo 749:
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«Oh, querida, no era mi intención», dijo Bettina, con palabras que destilaban una falsa disculpa, aunque la malicia en sus ojos era inconfundible.
«Quizás este vestido realmente no te queda bien», añadió, con un tono de cruel diversión.
Una risa suave y amarga escapó de sus labios, con un tono sarcástico y una cruel satisfacción.
La mirada de Charlee no vaciló; se encontró con los ojos de Bettina con la precisión de un halcón que se fija en su presa.
«Que este vestido me quede bien o no no es algo que puedan decidir los demás», respondió Charlee, sin perder la compostura, aunque la ira que bullía bajo la superficie apenas podía contenerse.
No había cámaras para capturar ese momento. Bettina lo había planeado todo cuidadosamente, segura de que podía manipular la situación sin sufrir consecuencias.
En ese momento, la dependienta se apresuró a acercarse, atraída por el alboroto. Al ver el vestido roto, su rostro se torció con preocupación y gotas de sudor brotaron de su frente.
Tanto Charlee como Bettina ejercían poder —una era una astuta magnate de los negocios y la otra, una rica heredera— y la dependienta sabía que era mejor no cruzarse en el camino de ninguna de las dos.
—Esto… —La dependienta dudó, mirando de una a otra, sin saber cómo manejar la tensión creciente.
Charlee, imperturbable ante las provocaciones de Bettina, se agachó con elegancia y señaló con el dedo la huella del tacón en la tela. Su voz era tranquila, pero con un tono autoritario.
—Creo que esto lo explica todo —dijo con voz fría como el acero.
Por un momento, Bettina se quedó desconcertada, su sonrisa de confianza se desvaneció y se le quedó el rostro pálido.
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En un intento inútil por ocultar la prueba, Bettina levantó la mano para ajustarse el vestido, tratando de tapar sus tacones de color rojo brillante.
La dependienta, muy versada en los matices de la alta sociedad, comprendió rápidamente la situación.
Discretamente, la dependienta miró los zapatos de Bettina antes de hablar con respeto, con voz tranquila.
—Señora Walsh, este vestido está hecho a medida. Si está dañado, deberá compensarlo en su totalidad. El total asciende a dos millones.
El rostro de Bettina palideció al oír la cifra de dos millones, una cantidad a la que no podía acceder fácilmente, ni siquiera alguien de su posición.
«¿Por qué tengo que pagar yo? ¡Se ha tropezado ella!», chilló Bettina con voz aguda y discordante, muy lejos de su habitual comportamiento sereno. Señaló acusadoramente a Charlee, intentando echarle toda la culpa, como una niña haciendo una rabieta.
Charlee mantuvo la mirada fija, con una sonrisa burlona en los labios.
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