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Capítulo 654:
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Su brillante exterior negro estaba cubierto de innumerables arañazos y las ventanas se habían hecho añicos, formando un mosaico de fragmentos irregulares.
Charlee avanzó tambaleándose, agarrándose al brazo de un miembro del equipo de rescate. «¿Dónde está? ¿Lo han encontrado?». Su tono era desesperado, cada palabra era una súplica.
El equipo intercambió miradas inquietas hasta que el líder dio un paso al frente. Habló con vacilación, como si eligiera cuidadosamente las palabras. «Señora Sullivan, solo hemos recuperado los restos…».
Hizo una pausa, luchando por continuar. «Creemos que el cuerpo del señor Harris podría haber sido arrastrado por otra corriente».
—¡Imposible! —La voz aguda de Charlee atravesó las olas rompiendo—. ¡No está muerto! ¡No puede estar muerto!
Sus ojos llenos de lágrimas se fijaron en los restos, como si su sola voluntad pudiera conjurar la presencia de Marc de entre los escombros.
El líder suspiró profundamente, con el tono apesadumbrado por años de experiencia sombría. —Señora Sullivan, me temo que la supervivencia en estas circunstancias es muy improbable.
El mar rugía mientras las olas se estrellaban contra las rocas, pero Charlee parecía sorda a todo. Sacudiendo la cabeza con obstinación, murmuró: «No, no está muerto… no puede estarlo».
Agotada, sus piernas cedieron y se hundió en la arena fría. Cerca de allí, varios miembros del personal examinaban los restos, buscando con manos cuidadosas cualquier pista que pudiera quedar.
De repente, una voz joven rompió el tenso silencio. «¡Algo no está bien! El cable del freno…».
El joven miembro del personal se agachó cerca del coche y señaló un cable cortado. Su expresión era grave y su voz denotaba alarma. «¡Esto no parece que se haya roto por accidente!».
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Charlee levantó la cabeza de golpe y su cuerpo se estremeció como si le hubiera alcanzado un rayo. «¿Qué acabas de decir? ¡Repítelo!», exigió, corriendo hacia él.
Sorprendido por su intensidad, el joven tartamudeó: «El corte es demasiado limpio. Parece intencionado, como si lo hubieran hecho con una herramienta afilada».
Un miembro del personal más mayor se unió a ellos, con el rostro ensombrecido mientras examinaba el cable.
«Tiene razón. No ha sido un accidente, es un sabotaje deliberado».
Un escalofrío recorrió la espalda de Charlee y un sudor frío le empapó la espalda. El impecable rendimiento del Maybach no era ningún secreto para ella. Con el cable del freno cortado, solo había una conclusión aterradora. El accidente de Marc no fue cosa del destino, fue premeditado.
Charlee se armó de valor, respiró lenta y profundamente y se obligó a mantener la calma en su voz.
«Este descubrimiento se queda entre nosotros», dijo con firmeza, mientras su mirada aguda recorría al equipo reunido. «Ni una palabra a nadie, especialmente a los medios de comunicación. ¿Entendido?».
Su tono penetrante no dejaba lugar a discusión, y el personal asintió al unísono.
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