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Capítulo 653:
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«A menos que… dude de su capacidad para desempeñar el cargo», sugirió alguien más.
Cada comentario golpeaba a Jax como un puñetazo, y sus palabras lo acorralaban aún más.
Pequeñas gotas de sudor aparecieron en su frente y sintió que la camisa comenzaba a pegarse a su espalda húmeda. Mientras tanto, Charlee permanecía perfectamente serena, con una media sonrisa que recordaba de forma tranquila pero firme su dominio. Lo observaba en silencio, irradiando una confianza tranquila. No tenía escapatoria.
Jax se tragó su incomodidad y esbozó una sonrisa forzada. —Si la Sra. Sullivan confía en mí, no rehuiré esta responsabilidad.
—Confío en sus habilidades —respondió Charlee con naturalidad, sin dejar lugar a dudas.
Sin otras opciones, Jax apretó la mandíbula y dijo: —En ese caso, acepto.
La reunión terminó pronto y las puertas de cristal de la sala de conferencias se cerraron, amortiguando el murmullo de las conversaciones del exterior.
Una vez sola, Charlee se recostó en su silla y se frotó las sienes. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios mientras murmuraba: «La estrategia de Amaya ha sido realmente brillante».
Al nombrar a Jax director general, no solo habían apaciguado a los impacientes accionistas, sino que también habían revelado las ambiciones de Jax. Era un golpe maestro, una solución que lograba dos objetivos a la vez.
Recordando la expresión conflictiva del rostro de Jax, Charlee se rió suavemente para sí misma. Nunca habría imaginado verlo tan atrapado, incapaz de rechazar un puesto que parecía una oportunidad, pero que conllevaba sus propias cadenas.
Volvió a su escritorio, cogió el teléfono y marcó un número familiar. —Por favor, tráigame un café. Con dos terrones.
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La voz respetuosa de su mayordomo se escuchó al otro lado de la línea. —Entendido, señorita Sullivan.
Al terminar la llamada, Charlee se dirigió al sofá y se sentó, pensando ya en los pasos que debía dar.
Un repentino timbre interrumpió los pensamientos de Charlee.
Miró la pantalla: un número desconocido.
—¿Hola? —respondió con cautela.
—Señorita Sullivan, hemos recuperado el Maybach del lugar del accidente —le informó una voz ronca de hombre.
Charlee se puso de pie de un salto y agarró el teléfono con fuerza. Su voz temblaba, llena de ansiedad. —¿Dónde está? ¿Lo han encontrado?
El hombre dudó antes de responder: —Será mejor que venga.
Charlee no esperó más. Cogió su abrigo y salió corriendo.
Charlee se apresuró hacia la costa.
La fría brisa marina le azotaba la cara, con un olor salado y punzante. Se ajustó el abrigo. Una lancha de rescate estaba atracada junto al Maybach destrozado. El coche, que en otro tiempo había sido un símbolo de opulencia, ahora era un montón de metal retorcido y destrozado.
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