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Capítulo 524:
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«Esta sopa está hecha especialmente para ti. Se supone que es muy nutritiva». La voz de Eunice era suave mientras servía un plato de sopa a Slater.
Slater observó el plato que tenía delante, con el ceño ligeramente fruncido. Al ver su reticencia, Eunice se preocupó. «Señor Quimby, ¿no le gusta?».
Solo entonces Slater aceptó el plato y probó un sorbo de la sopa. «Está bastante buena».
Al oír estas palabras, Eunice soltó un suspiro de alivio. «Si le gusta, eso es lo único que importa», respondió, sentándose en la silla frente a Slater y fijando la mirada en él.
La habitación quedó en silencio, solo roto por el sonido de Slater bebiendo la sopa. Eunice estudió el rostro de Slater con atención, con la mente en mil pensamientos.
«Señor Quimby, ¿tiene… novia?», se armó de valor Eunice para preguntar, con voz suave y temblorosa.
Slater dejó de sorber la sopa y levantó la vista hacia Eunice. Su mirada directa la tomó por sorpresa, provocándole un momento de pánico.
Slater dejó el plato de sopa a un lado con tono desinteresado. —Tengo una videollamada dentro de un rato, así que ahora no puedo probarlo.
La sonrisa de Eunice se desvaneció al captar su sutil indirecta. Estaba claro que le estaba insinuando que era hora de marcharse.
Mordiéndose el labio en silencio, se levantó y cogió el termo. —Me voy entonces. Parece preocupado, Sr. Quimby».
Al salir, el leve sonido de sus tacones resonó en el pasillo y la puerta de la oficina se cerró suavemente detrás de ella. Al final del pasillo, la silueta de Eunice desapareció de la vista. Imperturbable, la expresión de Slater siguió fría, aparentemente indiferente a la visita o la partida de Eunice.
Apenas unos instantes después de que ella se marchara, la puerta se abrió de golpe una vez más. Lorelei entró enérgicamente, agarrando un documento. Sus ojos se posaron inmediatamente en el termo que descansaba sobre el escritorio.
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—Sopa, ¿eh? ¿Es tu última estratagema? —se burló, lanzando el documento sobre la mesa.
Slater simplemente levantó la vista, con los ojos fríos e inflexibles.
Lorelei no podía soportar la actitud gélida de Slater, como si nada le importara. Impulsivamente, agarró el termo y lo lanzó al suelo. El termo se rompió con un estruendo, y la sopa y los fragmentos de cerámica salpicaron el suelo.
Sin embargo, el rostro de Slater no mostró ninguna reacción. Se levantó lentamente, su alta estatura se alzaba sobre Lorelei.
Un escalofrío recorrió la espalda de Lorelei, pero ella le devolvió la mirada desafiante.
La voz de Slater era tranquila, casi inaudible. «¿Qué estás haciendo?».
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