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Capítulo 523:
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Tras revisar el documento, el rostro de Charlee se endureció. Miró a Lisbeth. —Cuídese, tía Lisbeth.
Lisbeth apretó los labios y decidió permanecer en silencio mientras el asistente la acompañaba a la salida. Una vez que se cerró la puerta, la tranquilidad volvió a la oficina.
Charlee se recostó en su silla y cerró los ojos. Tras un momento, volvió a abrirlos y comenzó a revisar el documento. Se refería a Roland, el vicepresidente del Grupo Sullivan. Charlee sabía que podía ser problemático, pero no estaba preparada para la noticia de que había estado reuniendo en secreto a los accionistas y reuniéndose con el director de su rival, el Grupo Stonebridge, durante su ausencia de la empresa.
A Charlee se le escapó una risa fría al recordar cómo Lisbeth y su hija, Eunice, fingían sonreír. Sin duda, Lisbeth y Eunice formaban una pareja perfecta. A Charlee le costaba mucho mantener la calma. En ese momento, enfrentarse a ellas abiertamente era impensable.
Procedió a hacer una llamada por una línea segura. —Investiga los últimos movimientos de Roland, especialmente sus interacciones con el Grupo Stonebridge.
En la oficina del vicepresidente, Roland estaba sentado, rodeado de una pila de documentos. Al sonido de unos golpes en la puerta, entró rápidamente Lisbeth, con aire inquieto.
—Roland, lidiar con Charlee es una pesadilla. No consigo convencerla de que venga conmigo —dijo Lisbeth con tono ligeramente frustrado y el rostro lleno de preocupación.
Una sonrisa astuta se dibujó en el rostro de Roland al levantar la vista. —Es irrelevante que Charlee permanezca en la empresa o no. Mis tratos con el Grupo Stonebridge ya han comenzado.
Lisbeth se detuvo, visiblemente sorprendida, y luego su expresión se transformó en gran felicidad. —¿En serio? ¡Fantástico! Si unimos nuestros esfuerzos, el Grupo Sullivan caerá en nuestras manos tarde o temprano. Esa alborotadora ya ha destrozado una familia y ahora está planeando otro matrimonio. No podemos permitir que el Grupo Sullivan se convierta en su dote y beneficie a la familia Harris sin que nosotros obtengamos nada a cambio.
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En la oficina del director financiero del Grupo Jensen, Slater estaba absorto en una montaña de papeles, pasando las páginas de vez en cuando con sus delgados dedos. Hoy vestía un traje gris oscuro, que le daba un aire de máxima profesionalidad y serenidad.
El silencio de la oficina se rompió con el sonido agudo de unos tacones altos. La puerta se abrió de golpe y entró Eunice, con una radiante sonrisa en el rostro.
Slater levantó la vista y sus ojos brillaron brevemente con fastidio, pero rápidamente lo ocultó.
—Sr. Quimby, parece muy ocupado hoy —comentó Eunice mientras se acercaba al escritorio de Slater con un termo en la mano—. Le he traído sopa. Está mejor caliente.
Slater miró el termo en silencio. Eunice, al no percibir un rechazo rotundo, sintió una oleada de felicidad al abrir el termo, que llenó la habitación con un aroma tentador.
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