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Capítulo 494:
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Al observar la calma inquebrantable de Amaya, Eloise no se atrevió a pronunciar otra palabra.
Rompiendo el silencio, Amaya finalmente declaró: «Organiza una reunión familiar para mañana por la noche».
Su voz tenía un tono de indiferencia casual que confundió aún más a Eloise.
La mirada de Amaya se posó en Eloise, con una expresión indescifrable y enigmática. «Además, asegúrate de enviar invitaciones a varios periodistas», ordenó con una firmeza inesperada.
Eloise frunció el ceño, confundida.
¿Periodistas?
Eso no era propio de ella. Amaya siempre había valorado la privacidad de su familia, alejándose de cualquier frenesí mediático innecesario. Ahora, no solo se estaba planeando un evento familiar, sino que además se estaba convocando a periodistas.
¿Qué estaba tramando Amaya?
Ocultando su desconcierto, Eloise asintió.
—Por supuesto, Amaya. Me encargaré de ello inmediatamente —aseguró con voz firme. A continuación, hizo una ligera reverencia y se excusó ante la imponente presencia de Amaya.
El día siguiente transcurrió con los delicados dedos de Charlee deslizándose por la pantalla de su teléfono, con su atención capturada por un provocativo titular.
La pantalla ampliaba una foto de ella y Slater en una tienda de novias, con un pie de foto que declaraba en negrita: «La heredera de la familia Sullivan, pillada en un momento íntimo con un hombre misterioso en una tienda de novias. ¿Se avecina una boda?».
El ingenioso ángulo de la fotografía acortaba engañosamente la distancia entre ellos, insinuando un romance que estaba lejos de la realidad. Charlee se burló, poniendo los ojos en blanco mientras dejaba caer perezosamente el teléfono sobre el escritorio.
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Parecía que los rumores eran implacables.
En ese momento, su teléfono vibró con una llamada de la residencia Harris, seguida de una invitación para cenar.
Charlee arqueó las cejas, sin mostrar sorpresa alguna por el hecho de que la familia Harris estuviera al tanto de las noticias. Fuera bueno o malo, la cena de esa noche seguía siendo un misterio por desvelar. Cuando el sol se ocultó tras el horizonte, Charlee terminó su jornada laboral.
Fuera del imponente edificio del Grupo Sullivan, un Maybach negro la esperaba.
La ventanilla se bajó suavemente, dejando al descubierto los rasgos bien definidos de Marc, tan llamativos como siempre.
—Sube —le indicó Marc con una voz profunda y seductora, que resonaba con un magnetismo irresistible.
Balanceándose ligeramente sobre sus tacones altos, Charlee abrió la puerta del coche y se deslizó en el lujoso interior.
El aire del interior estaba impregnado de una sutil fragancia de sándalo, que se mezclaba armoniosamente con el aroma limpio y refrescante de Marc.
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