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Capítulo 489:
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Se mordió el labio y dijo en voz baja: «Gracias».
Su voz delataba cierta inquietud, vestigio de su encuentro anterior en el probador.
Slater bajó la mirada hacia el brazo herido de Charlee, con expresión impenetrable.
Charlee se sentía dividida. Aunque le agradecía su ayuda, no podía ignorar la sensación de cautela que siempre le había inspirado.
—Hay un hospital cerca —dijo Slater con tono neutro—. Déjeme llevarla para que le miren eso.
Charlee asintió sin protestar.
Cuando intentó ponerse de pie, sintió un mareo que la hizo tambalearse.
Slater la sujetó inmediatamente con firmeza y seguridad. Charlee se sintió incómoda mientras él la guiaba hacia su coche. No entendía del todo sus intenciones, pero había algo en él que la hacía desconfiar.
Él le abrió la puerta del coche y se aseguró de que estuviera sentada antes de dar la vuelta y sentarse al volante.
El trayecto en coche fue silencioso, con un ambiente tenso.
En el hospital, el fuerte olor a desinfectante inundaba la habitación y Charlee frunció ligeramente el ceño. Unos vendajes blancos envolvían el brazo herido, acentuando la palidez de su piel.
La enfermera terminó de darle instrucciones detalladas sobre cómo cuidar la herida antes de salir de la sala.
Charlee cogió el teléfono y vio que tenía una llamada perdida de Marc. Sin dudarlo, pulsó el botón para devolverle la llamada.
—¿Hola?
La voz profunda y firme de Marc se escuchó, teñida de urgencia. —¿Dónde estás?
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—En el hospital —respondió Charlee.
—¿En qué hospital? ¿Qué te ha pasado? —Su tono se tensó con evidente preocupación.
Charlee le dio una breve explicación, minimizando cuidadosamente la participación de Slater.
Marc guardó silencio durante un momento antes de decir con firmeza: «Espérame. Voy para allá».
Antes de que ella pudiera responder, la llamada se cortó abruptamente.
Charlee colgó el teléfono, con la mente dando vueltas y una expresión complicada en el rostro.
Media hora más tarde, la puerta de la sala se abrió y Marc entró. Vestido con un elegante traje negro, tenía el rostro tormentoso y el aire a su alrededor parecía enfriarse.
Sus ojos penetrantes se fijaron en el vendaje del brazo de Charlee y se entrecerraron con una ira apenas contenida.
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