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Capítulo 488:
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«¡Oh! ¡Lo siento mucho!», exclamó, con las mejillas encendidas.
Dentro, un hombre se estaba ajustando la corbata frente al espejo. Alto y perfectamente vestido, con rasgos bien definidos, se volvió al oír su voz. Era Slater Quimby.
Charlee se quedó paralizada, con el pulso acelerado. Los ojos de Slater se abrieron brevemente por la sorpresa antes de esbozar una sonrisa amable.
«No pasa nada», dijo con voz suave y tranquila.
Charlee se quedó en la puerta, nerviosa y sin saber si retirarse o disculparse de nuevo.
«No quería molestar», balbuceó, aferrándose al vestido como si fuera un salvavidas. «Me he equivocado de camino».
El tono de Slater era tranquilo, su sonrisa inquebrantable. «No pasa nada. Adelante, pruébatelo, futura novia».
Solo entonces Charlee se dio cuenta del vestido de novia que tenía en las manos. Su vergüenza se intensificó. Murmuró una rápida disculpa y se apresuró a encontrar el probador correcto.
Fuera, sin que Charlee lo viera, una figura en la sombra tomaba discretamente fotos del breve encuentro.
Dentro del probador, el corazón de Charlee latía como un tambor. Slater, observando su figura que se alejaba, dejó que una sonrisa cómplice se dibujara en su rostro. Se ajustó el cuello y salió del probador con expresión impenetrable.
Sacó su teléfono y marcó un número.
Slater dijo al teléfono: «El trabajo está hecho».
Una voz tan fría como el viento invernal se filtró a través del teléfono. «Excelente. Tengo las fotos. Ahora, veamos cómo se desarrolla todo».
Charlee acababa de elegir su vestido de novia y había salido de la tienda con el ánimo por las nubes.
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Mientras caminaba hacia el aparcamiento, un coche negro perdió el control de repente y se dirigió directamente hacia ella. Los neumáticos chirriaron con fuerza contra el asfalto.
Charlee se quedó paralizada, incapaz de reaccionar. El coche venía demasiado rápido para que pudiera moverse a tiempo.
En ese momento crítico, alguien la empujó fuera del camino. La fuerza la lanzó al suelo, y el impacto sacudió su cuerpo.
Un dolor agudo le atravesó el brazo y vio que se había raspado gravemente.
—Señorita Sullivan, ¿está bien?
Charlee levantó la vista y vio a Slater de pie frente a ella, con el ceño fruncido por la preocupación. Su traje, normalmente impecable, estaba ligeramente arrugado por el esfuerzo de salvarla.
El corazón de Charlee latía con fuerza. Si no hubiera sido por Slater, no se atrevía a pensar en lo que podría haber pasado.
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