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Capítulo 478:
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Su corazón dio un vuelco y una calidez desconocida se extendió por su pecho. Levantó la vista hacia él, y su tímida mirada se encontró con la penetrante de él, y por un momento, el mundo pareció desvanecerse.
Marc, cautivado por la tímida vulnerabilidad de la expresión de Charlee, sintió que su corazón se aceleraba. Incapaz de resistirse, se inclinó y le dio un beso suave y prolongado en los labios.
Una ola de emoción recorrió el corazón de Charlee, tomándola por sorpresa. Sus palabras ya habían desmoronado su compostura, y esta inesperada intimidad la dejó sin aliento.
Marc, al notar su expresión ligeramente sorprendida, sintió una pizca de satisfacción.
Aunque ella no había expresado sus sentimientos, su silencio lo decía todo: le importaba, aunque no quisiera admitirlo. Mientras tanto, tras descansar un poco, Lorelei fue finalmente dada de alta del hospital.
Pero la paz no la acompañaba. Una inquieta determinación se apoderó de su corazón. Una vez que recuperó las fuerzas, no perdió tiempo. Vestida con un traje de Chanel a medida y tacones de aguja que reflejaban su determinación con cada paso, irrumpió en la oficina del director general del Grupo Jensen.
—Señorita Jensen, ya está aquí —la saludó la secretaria, Lisa, con tono cauteloso y mesurado.
Lorelei no le dedicó ni una mirada a Lisa, con la mirada fija en la amplia ventana—. ¿Dónde está mi hermano?
—El señor Jensen… sigue buscando a Nadia —tartamudeó Lisa, manteniendo la cabeza gacha, claramente incómoda ante la imponente presencia de Lorelei.
Lorelei esbozó una sonrisa burlona, con la voz cargada de desdén. —¿Buscando a Nadia? ¿Una hija adoptiva que merece tanto esfuerzo?
La incomodidad de Lisa aumentó, y su respiración se volvió superficial y entrecortada.
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Lorelei se volvió y clavó sus afilados ojos en Lisa. —Vete. Llama a todos los jefes de departamento. Sala de reuniones. Diez minutos. Lisa asintió rápidamente, con evidente alivio, y se alejó a toda prisa.
De pie junto a la ventana, Lorelei se miró en su reflejo, con la mandíbula apretada en una furia silenciosa. «Charlee no me quitará lo que es mío. No lo permitiré. Recuperaré todo lo que me pertenece».
En la sala de reuniones, la tensión se palpaba en el aire como una nube tormentosa mientras los jefes de departamento se sentaban rígidos, con expresiones que delataban su inquietud. El sonido de los tacones de Lorelei contra el suelo pulido anunció su llegada antes de que entrara en la sala. El aire cambió de inmediato, y su imponente presencia envolvió el espacio.
—Con efecto inmediato, necesito firmar todos los proyectos de la empresa —dijo Lorelei, con un tono autoritario que no admitía réplica.
El director de marketing dudó antes de responder: «Señora Jensen, un cambio así podría entrar en conflicto con nuestros procedimientos establecidos…».
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