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Capítulo 477:
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Un peso aplastante oprimía el pecho de Lorelei, dificultándole la respiración. Luchando por contener las lágrimas, logró articular: —Marc, ¿lo sabes? Aquello… que acabé así… fue por tu culpa.
Su voz transmitía el pesado fardo del rencor y el desamor.
«Lorelei, el pasado es un capítulo cerrado. Cuídate». El tono de Marc seguía siendo distante, como si su corazón fuera de piedra.
«Marc, solo quiero verte una vez… ¿Es mucho pedir?». La sala quedó en silencio, salvo por el sonido de los sollozos reprimidos de Lorelei que resonaban suavemente en el aire.
Marc dudó brevemente antes de hablar en un tono mesurado. «Te visitaré con Charlee cuando tenga tiempo».
La llamada terminó con un pitido agudo. Lorelei apretó el teléfono con fuerza y se mordió el labio para contener el llanto que se le escapaba por la garganta.
No podía entender por qué el corazón de Marc se había vuelto tan frío. ¿Por qué había elegido a Charlee y le había dado la espalda sin pensarlo dos veces? Su corazón era un torbellino de resentimiento y desesperación.
Mientras tanto, Marc dejó el teléfono, con expresión impenetrable. Charlee, recostada en el lujoso sofá con las piernas elegantemente cruzadas, levantó la vista del documento que estaba hojeando. Marc se acercó desde la ventana que iba del suelo al techo, con los rasgos afilados suavizados por un brillo travieso en los ojos.
—¿Tu amigo de la infancia está despierto? —La voz de Charlee era ligera, pero con un tono burlón mientras dejaba a un lado el documento.
La mirada de Marc se posó en ella, y sus labios se curvaron en una sonrisa pícara—. ¿Qué? ¿Estás celosa?
Se sentó a su lado, enroscando casualmente un mechón de su cabello entre los dedos, con movimientos deliberados y juguetones.
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Charlee se rió entre dientes, apartando su mano con fingida indiferencia.
—¿Celosa? ¿De qué? Vosotros dos erais prácticamente inseparables de pequeños. ¿Quién soy yo para compararme? Marc la observó divertido, con un brillo en los ojos cada vez más intenso. —Entonces, ¿por qué tu tono dice lo contrario? —bromeó, inclinándose hacia ella y rozándole la oreja con su cálido aliento, en un gesto de intimidad provocadora.
Charlee se sonrojó y apartó la cabeza, perdiendo la compostura por un instante. «Solo tengo curiosidad. ¿De verdad no vas a ir a verla?».
Marc arqueó una ceja, con voz traviesa. «¿Por qué? ¿Quieres que vaya?».
Charlee lo miró con irritación, sin poder ocultarla. «¿Qué más me da si vas o no? ¡No soy nada para ti!».
Con una risita, Marc la atrajo hacia sí y apoyó la barbilla suavemente sobre su cabeza. —¿Que no significas nada para mí? —murmuró con voz tierna y autoritaria—. Entonces, ¿quién eres?
Charlee se tensó en sus brazos, con el corazón latiéndole a toda velocidad ante su repentina cercanía. Su mente buscó una respuesta, pero el calor de él la envolvió como un capullo y las palabras se le desvanecieron en la lengua.
Marc, sintiendo su vacilación, la estrechó un poco más, con una sonrisa cómplice en los labios. —No voy a ir a verla —dijo simplemente—. Prefiero estar aquí, contigo.
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