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Capítulo 443:
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—Charlee —comenzó con cautela—, hay algo… No sé si debería contártelo.
Charlee ladeó ligeramente la cabeza, arqueando una ceja en señal de ánimo silencioso.
Nadia respiró hondo y bajó la voz hasta casi un susurro. —Ese día, antes de desmayarme, creo que… vi a Terrence y Lorelei en el hospital.
Charlee se quedó paralizada, con las manos agarradas al cuchillo y el tenedor con una tensión que delataba su aparente calma. —¿De qué hablaban? —preguntó.
—Mencionaron el proyecto del Grupo Mosaico… y el estado de la señora Harris —admitió Nadia con voz temblorosa.
El corazón de Charlee se hundió y una sensación de pavor la invadió.
—No lo recuerdo todo —admitió Nadia, palideciendo al resurgir fragmentos de recuerdos—. Pero me pareció que Terrence estaba manipulando a Lorelei. Parecía más una marioneta que ella misma…
La imagen del comportamiento antinatural de Lorelei permaneció en la mente de Nadia.
El rostro de Charlee se ensombreció y sus rasgos se transformaron en una expresión de profunda preocupación.
Sus pensamientos se agitaron, reconstruyendo todos los resultados posibles.
Los ojos de Terrence siempre brillaban con un brillo codicioso cada vez que se mencionaba la herencia de Marc, y ahora estaba claro que el Grupo Mosaic estaba profundamente involucrado con él. El caos bullía bajo la superficie, tanto en casa como en el extranjero. Y luego estaba el asunto de la enfermedad de Amaya…
Una profunda inquietud se apoderó de Charlee.
De repente, se puso de pie. «Nadia, gracias por compartir todo esto conmigo».
—Charlee, ¿adónde vas? —La voz de Nadia denotaba alarma.
—A buscar a Marc. Es crucial que descubra la verdad detrás de todo esto. —Con un movimiento rápido, Charlee cogió su abrigo y salió del apartamento sin mirar atrás.
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Nadia se quedó atrás, con un nudo de preocupación en el pecho mientras veía desaparecer a Charlee.
El pasillo del hospital estaba impregnado del fuerte olor a desinfectante, un aroma estéril que llenaba el aire.
Charlee aceleró el paso hacia la puerta de la sala VIP y la abrió con determinación.
Dentro, Amaya yacía en la cama del hospital, con el rostro pálido, rodeada por el pitido constante de los aparatos que la mantenían con vida. Marc estaba sentado a su lado, sin apartarse de su lado desde que había regresado al hospital la noche anterior.
El sonido de los pasos apresurados de Charlee hizo que Marc levantara la vista, con una mezcla de sorpresa y alivio en el rostro.
—Charlee, has venido —dijo, con tono cansado pero con un toque de alivio.
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