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Capítulo 442:
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La mirada de Marc se detuvo momentáneamente en los labios de ella antes de darse cuenta, y su nuez se movió cuando apartó la vista. Aclarando la garganta, añadió: —Solo estaba preocupado por ti, Charlee.
Charlee no dijo nada, dio un sorbo lento a su vino y su silencio fue a la vez contemplativo y enigmático.
—¿Cómo está la señora Harris últimamente? —preguntó tras una pausa, en un tono casual pero con un sutil tono de curiosidad.
Marc se puso tenso y su expresión vaciló por un instante.
Al notar el cambio, Charlee dejó la copa y se volvió hacia él.
—¿Qué pasa? ¿La señora Harris…?
No terminó la pregunta, pero el silencio de Marc lo dijo todo.
Charlee sintió una punzada en el pecho y un nudo en el estómago.
A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba suavemente a través de las cortinas beige, bañando la habitación con un cálido tono dorado.
Nadia se movió y abrió los ojos, haciendo una mueca de dolor debido a un sordo dolor de cabeza, vestigio de la noche anterior.
El aire estaba impregnado de un ligero aroma a lirios, una fragancia relajante pero desconocida que aumentaba su desorientación momentánea.
Poco a poco, sus recuerdos resurgieron. El caos en el bar volvió en fragmentos vívidos: el hombre de mediana edad y grasiento, la tensión y luego… Marc.
Se incorporó, frotándose las sienes mientras intentaba despejar la niebla de su mente.
Al darse cuenta de que ahora llevaba un pijama suave, Nadia parpadeó, con la mente llena de preguntas.
Se deslizó fuera de la cama, cruzó la habitación en puntas y abrió la puerta. El aroma apetecible de la comida flotaba en el aire, guiándola hacia la cocina como un hilo invisible.
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Charlee estaba allí, vestida con ropa informal, con su largo cabello recogido en un estilo relajado. Estaba poniendo la mesa con la gracia natural de alguien acostumbrado a crear comodidad.
—Buenos días, Nadia —la saludó Charlee con calidez—. Ven a desayunar.
Nadia se deslizó en una silla y bebió un sorbo de la leche que Charlee le había servido. —¿Cómo te encuentras? —preguntó Charlee, con tono de sincera preocupación.
—Mucho mejor —respondió Nadia con una sonrisa agradecida—. Gracias, y al señor Harris, por lo de anoche.
Charlee hizo un gesto con la mano, restándole importancia. —Para eso están los amigos.
Nadia dudó, y su expresión se volvió seria. Recorrió con los dedos el borde del vaso, como si dudara si continuar.
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