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Capítulo 439:
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Al ver a Nadia esforzándose tanto por mantener la compostura, el corazón de Charlee se encogió y sintió un dolor cada vez más intenso.
Deseaba decir algo, cualquier cosa que aliviará el dolor de Nadia, pero no encontró las palabras adecuadas.
«Está bien… solo… cuídate», susurró finalmente, con las palabras sabiendo vacías en su boca.
Nadia logró asentir débilmente, con una sonrisa vacilante mientras se daba la vuelta. Charlee se quedó mirando a Nadia hasta que desapareció tras la esquina, con un nudo incómodo en el estómago.
Su preocupación la impulsó a seguirla, manteniendo una distancia prudente para no ser vista.
Nadia vagaba sin rumbo fijo, y sus pasos la llevaron a un bar poco iluminado llamado Night Maze.
Justo cuando Charlee estaba a punto de entrar, su teléfono vibró en su bolsillo. Era Kalte.
—Hola, Kalte —respondió Charlee con voz firme—. ¿Qué tal los datos del ensayo clínico del nuevo fármaco? ¿Y qué hay de nuevo con el Grupo Mosaic? ¿Algún avance?
La voz de Kalte se escuchó a través de la línea, llena de entusiasmo mientras detallaba los últimos acontecimientos.
Mientras escuchaba, Charlee mantuvo la mirada fija en la entrada del bar, su mente haciendo malabarismos con las cifras que mencionaba Kalte, procesando mentalmente los números.
Los resultados eran en su mayoría favorables, pero una métrica había quedado por debajo de las expectativas, lo que requería un examen más detallado.
Terminó la llamada, guardó el teléfono en el bolsillo, empujó la pesada puerta de cristal y entró en el bar.
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El olor familiar a alcohol rancio, perfume y humo asaltó sus sentidos, envolviéndola en la atmósfera opresiva del bar. En la barra, Nadia estaba sentada sola, con la espalda encorvada y la mirada perdida. Bebía un trago tras otro, y cada vaso añadía otra capa a su desmoronada compostura.
Su largo cabello colgaba desordenado y lo que antes era un maquillaje impecable ahora estaba manchado y descolorido, dejándola con un aspecto trágico y desolado.
En ese momento, un hombre de mediana edad y aspecto grasiento se acercó a Nadia con aire seductor y poco agradable.
«Hola», dijo con voz pastosa, posando una mano sobre el hombro de Nadia. «Beber sola no es divertido. Déjame acompañarte».
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Charlee sintió una oleada de furia recorrer sus venas.
La audacia de hombres como él siempre le había irritado.
Sin dudarlo, se acercó, agarró la muñeca del hombre con fuerza y se la retorció dolorosamente.
«¡Ah!», gritó el hombre, palideciendo y retrocediendo mientras se agarraba el brazo.
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