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Capítulo 438:
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«¡Charlee, detente ahí!».
Las dos mujeres se quedaron paralizadas y se giraron hacia la voz.
Lorelei estaba de pie, no muy lejos, con una expresión llena de desprecio.
Nadia, aún confundida, miró a Lorelei, sin entender lo que estaba pasando.
Con pasos deliberados en sus tacones altos, Lorelei caminó hacia ellas. —Charlee, ¿cuánto tiempo crees que podrás protegerla? Ha sido repudiada. La familia Jensen le ha dado la espalda. —Sus palabras fueron duras y cortantes.
Nadia palideció y se quedó paralizada, sin entender por qué Lorelei decía eso ni qué significaba «repudiada».
El corazón de Charlee se hundió al escuchar a Lorelei, pero rápidamente se recompuso.
Apretó los puños, tratando de controlar sus emociones. —Lorelei, esta no es la familia Jensen. No puedes causar problemas aquí.
Lorelei soltó una risa burlona.
—Jajaja… Charlee, ¿de verdad crees que puedes protegerla? Nadia ha sido repudiada por mi padre. Ahora no es nada, solo una pobre marginada.
El rostro de Nadia se puso aún más pálido y su cuerpo tembló bajo el peso de las crueles palabras de Lorelei.
A Charlee se le partió el corazón al ver el sufrimiento de Nadia.
Volviéndose hacia Lorelei, Charlee habló con tranquila determinación. —¡Lorelei, basta! Yo me encargo de esto. Si vuelves a hablar así delante de Nadia, habrá consecuencias.
Los ojos de Lorelei se oscurecieron de celos y rabia al ver que Charlee defendía a Nadia.
Con un silbido venenoso, Lorelei espetó: «¡Ya verás, Charlee! No dejaré que seáis felices. Y tú, Nadia, pronto todos te darán la espalda!».
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Dicho esto, Lorelei se dio media vuelta y se marchó, dejando atrás a Charlee y Nadia.
A Charlee le dolió el corazón y rodeó con el brazo los hombros de Nadia para consolarla. —No te preocupes, Nadia. Estoy aquí. Nadie puede hacerte daño.
Nadia miró a Charlee con voz temblorosa. —Charlee, ¿es verdad lo que ha dicho?
Charlee dudó un momento, buscando las palabras adecuadas. —Bueno… —respondió finalmente Charlee, con voz suave.
—Lo sabías desde el principio, ¿verdad? —preguntó Nadia, con tono tranquilo pero lleno de dolor.
Charlee se quedó paralizada durante un instante, con las palabras atrapadas en la garganta. Sentía como si algo invisible la estuviera apretando, impidiéndole hablar.
La mirada de Nadia se encontró con la de Charlee, y ella esbozó una débil y triste sonrisa, aunque sus ojos comenzaron a brillar con la amenaza de las lágrimas. «Charlee… Solo… Solo necesito estar sola un rato», murmuró.
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