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Capítulo 430:
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Charlee lo absorbió todo en silencio, con pocas palabras y pensamientos profundos.
Esa mañana en particular, el médico de voz suave había hecho su ronda en la habitación de Nadia.
«Te estás recuperando bien», murmuró con una sonrisa amable en el rostro.
«Deberías estar lista para salir en un par de días».
Al oír esas palabras, una chispa de esperanza se encendió en Nadia, aliviando momentáneamente el peso de sus preocupaciones.
Ansiosa por compartir su nuevo alivio, marcó rápidamente el número de Charlee. La risa de su amiga, brillante y contagiosa, llenó la línea. «Nadia, ¿cómo lo estás llevando?».
«Charlee, ¿podría quedarme en tu casa por un tiempo?». La voz de Nadia temblaba, cargada de una súplica silenciosa. «
¡Por supuesto! Quédate todo el tiempo que necesites», respondió Charlee con calidez, y su inmediata aceptación envolvió a Nadia en un manto de consuelo.
Más tarde esa noche, Shane llegó al hospital con los brazos cargados de una cesta llena de fruta fresca.
Se detuvo en seco cuando una enfermera le informó de que Nadia ya había sido dada de alta y había decidido quedarse en casa de una amiga. Una punzada de confusión y decepción se apoderó de él mientras se quedaba paralizado, con la cesta de repente pesando como el plomo en sus manos.
Recordó las miradas evasivas de Nadia durante los últimos días, cada una de ellas como una pequeña puñalada en el corazón.
Un nudo se le formó en el pecho, quitándole el aliento. Con el corazón encogido, Shane se dio la vuelta y su silueta se fundió con las sombras del atardecer mientras se alejaba del hospital.
Mientras tanto, en casa de Charlee, Nadia se entretenía junto al amplio ventanal, con las manos envueltas alrededor de una taza de leche caliente que permanecía intacta.
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Afuera, el jardín era un derroche de rosas en plena floración, cuyos colores vibrantes parecían contraponerse a la melancolía que se respiraba en el aire. Sin embargo, ni siquiera esta explosión de belleza logró alegrar el corazón de Nadia. Una persistente niebla de tristeza se aferraba a ella, espesa e implacable.
Mientras estaba allí, perdida en sus pensamientos, la llamada de Shane volvió a sonar, rompiendo el silencio.
Nadia dudó, con el dedo suspendido sobre la pantalla, antes de pulsar finalmente «rechazar».
Casi al instante, su teléfono vibró con un nuevo mensaje de texto. «Nadia, sé que la he fastidiado, pero créeme, nunca quise hacerte daño. Solo te pido una oportunidad para explicártelo, solo unos minutos de tu tiempo».
Nadia apretó el teléfono con fuerza, hasta que sus nudillos se pusieron pálidos. ¿Explicarlo? ¿Qué quedaba por explicar después de todo lo que había pasado?
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