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Capítulo 419:
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La luz de la lámpara de cristal bañaba la habitación con un suave resplandor, creando un ambiente de tranquilidad.
Marc cogió el cuchillo y el tenedor con meticulosa facilidad y cortó el filete mientras la relajante melodía del piano llenaba el restaurante. La tensión anterior parecía disiparse, dejando solo una frágil paz a su paso.
—Por cierto, ¿cómo está Nadia? —preguntó Charlee, rompiendo el silencio.
La mano de Marc vaciló por un instante y su mirada se ensombreció como una nube que pasa por delante del sol. Pero la sombra desapareció tan rápido como había aparecido.
—Con Shane cuidándola, está a salvo —le aseguró con voz firme.
Empujó el filete cuidadosamente cortado hacia Charlee—. No te preocupes, Charlee.
Tranquilizada, Charlee esbozó una pequeña sonrisa y reanudó la cena, dejando que la tensión de la velada se desvaneciera.
Después de cenar, Marc condujo su elegante Maybach y lo aparcó con suavidad delante del edificio de apartamentos de Charlee.
«Gracias», dijo Charlee, buscando el cinturón de seguridad para desabrochárselo. Al hacerlo, sus dedos rozaron el dorso de la mano de Marc, lo que provocó una conexión fugaz pero electrizante.
Los ojos de Marc se oscurecieron y su mano envolvió suavemente la muñeca de Charlee, deteniendo su movimiento.
Su intensa mirada, marcada por una sutil calidez, se clavó en los ojos de Charlee.
Charlee se detuvo, mirándolo confundida.
«
—Charlee —dijo él con una voz rica y barítona—, ¿de verdad te vas a ir así?
Aprovechando la oportunidad, Marc le levantó la barbilla con suave insistencia, rozándole la piel con la yema de los dedos como un susurro.
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Inclinándose, su cálido aliento se mezcló con el de ella, provocándole un escalofrío que le recorrió la espalda.
La respiración de Charlee se aceleró, su pulso se disparó cuando sus labios reclamaron los de ella en un beso que era a la vez tierno y profundamente posesivo.
Sintió que un rubor le subía a las mejillas, un calor involuntario que la hizo apartar instintivamente la mirada, buscando refugio de su penetrante mirada.
A diferencia de sus fugaces encuentros anteriores, este beso hablaba de promesas tácitas, de emociones demasiado grandes para contenerlas.
Por un momento, Charlee se resistió, aturdida por la intensidad del beso. Pero a medida que los segundos se alargaban, se encontró rindiéndose, perdida en la profundidad del abrazo de Marc.
El coche estaba envuelto en un aire de tranquila intimidad. El cálido aliento de Marc acariciaba el cuello de Charlee, su intención era inconfundible, pero Charlee, con un suave empujón, lo detuvo.
«Marc…».
Sus ojos se llenaron de afecto, profundo e inquebrantable.
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