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Capítulo 391:
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Amaya apretó la taza con fuerza, palideciendo los nudillos. Respiró hondo, esforzándose por calmarse. —Llama a Marc.
El mayordomo se apresuró a hacer la llamada.
A su lado, Lorelei lloraba amargamente, entre sollozos. ¿Cómo no iba a sentirse devastada? ¡Había sacrificado tanto por Marc y él había decidido dejarlo todo por otra mujer!
Amaya consoló a Lorelei, dándole palmaditas en la espalda con tranquilidad.
Entendía los profundos sentimientos de Lorelei hacia Marc.
Pronto se pusieron en contacto con Marc.
—Marc, ¿por qué estás en Zamdon?
Marc respondió con calma: —Abuela, estoy ocupándome de algunas cosas.
—¿Qué es más importante que nuestra empresa y nuestra familia? —preguntó Amaya con voz firme.
Marc dudó y luego dijo: —Abuela, hay razones que no puedo compartir ahora mismo.
Marc era consciente de la preocupación de su abuela, pero no sabía qué decir.
«Por favor, abuela, no te preocupes. Volveré pronto». Con esas palabras, Marc colgó el teléfono, reacio a prolongar la conversación.
Mientras resonaba el tono de llamada, una sombra se cernió sobre el rostro de Amaya.
Los motivos de su nieto eran cada vez más opacos. ¿Qué objetivos perseguía realmente?
Sin embargo, su fe en él persistía. Sus acciones siempre estaban motivadas por razones ocultas.
«Déjale su libertad», exhaló Amaya, despidiendo al mayordomo con un gesto casual.
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El ambiente en el estudio de Terrence estaba cargado de tensión.
«¿Marc ha abandonado el país en este momento tan crítico?», exclamó Terrence, con un tono de incredulidad y un ligero tono de impaciencia.
No había previsto una decisión tan precipitada por parte de Marc.
Una oportunidad como esta era única, ¡era el momento de ganar el premio gordo!
—¿Podemos confiar en esta información? —preguntó Terrence, buscando tranquilidad una vez más.
—Sin duda —afirmó su asistente con confianza inquebrantable—. Ha llegado a Zamdon.
Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Terrence, cuyos ojos brillaban con malicia. Marc no podía resistirse a causar el caos, incluso cuando tenía el camino fácil delante de él.
—Da la orden inmediatamente —ordenó Terrence con voz fría y calculadora—. Difunde que Marc ha renunciado a los objetivos de la empresa por una mujer y se ha aventurado al extranjero en este momento crucial. Su determinación era inquebrantable: iba a manchar el buen nombre de Marc por completo.
Con un gesto de asentimiento, su asistente se marchó para ejecutar el plan.
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