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Capítulo 384:
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Era difícil rebatir el razonamiento de Terrence; las habilidades de Marc eran innegablemente excepcionales.
—¿Por qué no unimos fuerzas para acabar con Marc? —propuso Terrence—. Una vez que esté fuera de juego, la familia Jensen y el Grupo Harris podrán repartirse los beneficios. ¿No te parece atractivo?
Dempsey se detuvo, indeciso.
Terrence insistió. —Seguro que no quieres que Lorelei sea la que pague los platos rotos. Marc la rechazó. ¿Puedes tolerar esa desgracia? Recuerda que yo la salvé una vez, ¡nunca le haría daño!».
Dempsey apretó la mano alrededor del teléfono.
Lorelei, su querida hija que llevaba años desaparecida, había regresado por fin. Ver a Marc pisotear su dignidad era insoportable para cualquier padre. Exhaló profundamente. «Está bien. Acepto. Hagámoslo». La sonrisa de Terrence se amplió.
En la suite ejecutiva del Grupo Harris, Marc tenía el rostro impasible.
Los documentos yacían esparcidos por el escritorio en desorden.
Las acciones se desplomaban, las asociaciones se disolvían, circulaban titulares perjudiciales.
Esto no era obra solo de la familia Jensen. No tenían los recursos ni la precisión para un ataque tan calculado.
Alguien más estaba moviendo los hilos.
—Fenton, entra.
Fenton entró y se quedó de pie, respetuoso. —Señor Harris.
—¿Has descubierto algo?
—Los Jensen y Terrence han estado colaborando estrechamente, con importantes transacciones monetarias —afirmó Fenton, entregándole un expediente.
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Marc lo hojeó rápidamente y su expresión se endureció. Era Terrence, sin duda.
—Sigue investigando. Quiero todos los detalles: lo que están planeando y sus próximos pasos. —Marc golpeó el expediente contra el escritorio, y el sonido resonó en la silenciosa habitación.
—Entendido —respondió Fenton antes de marcharse.
Marc cerró los ojos y respiró hondo. Si no detenían pronto a Terrence, las consecuencias serían catastróficas. Mientras tanto, la empresa farmacéutica de Charlee también estaba sintiendo la tensión. Estaba sentada en su escritorio, masajeándose las sienes para aliviar el dolor sordo. Aunque los ataques iban dirigidos a Marc, ella se estaba viendo arrastrada al caos.
En ese momento, en otro lugar, Lorelei, consumida por la rabia, lanzó un cojín al suelo. ¿Por qué Charlee se merecía tales privilegios? ¿Cómo había conseguido ganarse la lealtad de Marc? ¡Marc estaba incluso dispuesto a enfrentarse a la familia Jensen por ella!
Lorelei se levantó de repente y empezó a dar vueltas por la habitación, agitada. ¡No estaba dispuesta a admitir la derrota! Si Marc no podía ser suyo, ¡tampoco debía ser de Charlee! Un siniestro plan comenzó a formarse en su mente. Decidió que Charlee debía desaparecer por completo.
Lorelei cogió su teléfono y marcó rápidamente el número de Terrence. «Terrence, necesito un favor».
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