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Capítulo 382:
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Intimidada por la actitud firme de Charlee, Lorelei se retiró nerviosa y salió de la oficina sin decir una palabra.
Charlee exhaló profundamente, tratando de calmarse. Se frotó las sienes. No eran las acusaciones infundadas de Lorelei las que rondaban por su mente, sino la tensión interminable entre la familia Jensen y el Grupo Harris.
Nadia era una amiga íntima y Shane siempre la había tratado con amabilidad. No podía soportar verlos destrozados por las consecuencias.
Charlee cogió el teléfono y marcó el número de Fenton. —Fenton, ¿hay alguna posibilidad de mediar entre el Grupo Harris y el Grupo Jensen? —preguntó sin rodeos.
La voz de Fenton era firme, pero cautelosa. —Señorita Sullivan, no tengo autoridad para influir en el señor Harris. Dicho esto, me aseguraré de transmitirle sus preocupaciones.
—Gracias —respondió Charlee, colgando el teléfono con una sensación de inquietud que la carcomía por dentro. Marc no era alguien que cambiara de opinión fácilmente.
Más tarde esa noche, Marc regresó a la residencia de los Harris. Al entrar, sus ojos se posaron inmediatamente en Lorelei, sentada junto a Amaya con aire vulnerable.
Suspiró para sus adentros, intuyendo ya el drama que le esperaba.
—Marc, has vuelto —lo saludó Amaya con calidez—. Lorelei me dice que hay tensión entre tú y la familia Jensen.
Marc se sentó junto a su abuela, con tono tranquilo pero distante. —Son solo negocios, abuela. No hay por qué preocuparse.
Lorelei intervino con voz temblorosa: —Marc, sé que estás enfadado conmigo, pero esta disputa entre nuestras familias… es culpa mía.
La mirada afilada de Marc la interrumpió.
Conocía bien la tendencia manipuladora de Lorelei. Era obvio que estaba tratando de utilizar a su abuela para que él fuera indulgente con la familia Jensen.
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Reprimiendo su irritación, respondió: —Abuela, la familia Jensen ha ido demasiado lejos esta vez.
Amaya suspiró suavemente. —Pero las dos familias comparten una larga historia. Seguro que Lorelei no debería tener que cargar con este peso.
Con lágrimas corriendo por su rostro, Lorelei añadió: —Marc, entiendo que la familia Harris tenga motivos para resentirse conmigo, pero esto es injusto para mi padre.
La voz de Marc se endureció. —Lorelei, no tientes a la suerte. Mi paciencia tiene un límite.
Se levantó para marcharse, con actitud decidida.
Amaya observó su figura mientras se alejaba, con una expresión de tranquila resignación en el rostro.
Cuando la noche cubrió la ciudad, el timbre de la puerta de Charlee sonó inesperadamente. Cuando abrió la puerta, Marc estaba allí.
Vestido con una sencilla camisa negra y pantalones, tenía un aspecto especialmente llamativo. Su hermoso rostro mostraba un ligero cansancio, pero sus ojos eran firmes.
«¿Qué haces aquí?», preguntó ella, momentáneamente atónita. En lugar de responder, Marc dio un paso adelante y la tomó en sus brazos.
«¡Marc! ¿Estás loco?», protestó Charlee, retorciéndose instintivamente.
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