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Capítulo 330:
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El mundo de Marc parecía derrumbarse a su alrededor, el impacto resonaba en sus oídos.
«¡No puede ser verdad!», gritó, luchando por asimilar la realidad.
Eloise respondió con calma: «No es broma, Marc. El médico lo ha confirmado. Wilma también tiene náuseas matutinas».
Wilma se llevó la mano a la boca de repente, con arcadas como si fuera a vomitar.
Eloise la consoló dándole una suave palmadita en la espalda. «No te preocupes, todo irá bien».
Al observar el delicado estado de Wilma, Amaya dijo con decisión: «Ya lo hemos decidido. Tú y Wilma os comprometeréis a finales de mes. No habrá más discusión».
Marc palideció, resuelto a oponerse. «Abuela, no puedo estar de acuerdo con esto».
Con un suspiro de frustración, Amaya replicó: «Si quieres disgustarme, sigue negándote».«
Wilma, tratando de aliviar la tensión, tranquilizó a Amaya con voz temblorosa: «Por favor, no te enfades. Marc aún no está preparado. Hablaré con él».
Marc hervía mientras observaba la actuación de Wilma, con la ira a punto de estallar. Le costaba creer que pudiera haber estado involucrado con ella, y mucho menos que estuviera embarazada de él.
¡Todo parecía una elaborada trampa tendida por Wilma!
Sin embargo, no podía ignorar los deseos de su abuela; su palabra era demasiado importante para él.
El silencio fue su renuente elección.
Wilma, ahora de pie junto a Amaya, le acarició el vientre con ternura y la tranquilizó: —Necesitas descansar, Amaya. Yo me encargo de todo.
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Amaya tocó con cariño la mano de Wilma, con voz firme. —Este niño representa el futuro de la familia Harris. No debemos correr ningún riesgo.
—Volviéndose hacia Eloise, le ordenó—: Cuida de Wilma. Ahora es la prioridad de nuestra familia. ¿Entendido?
El rostro de Eloise se iluminó con responsabilidad. —Por supuesto, me aseguraré de que esté bien cuidada.
Amaya se volvió hacia el personal doméstico y ordenó: —Estén todos atentos. Si descuidan la salud de Wilma de alguna manera, tendrán que responder ante mí.
Los sirvientes asintieron al unísono. —Entendido, señora.
Con eso, Amaya se retiró a su habitación.
Marc se dio la vuelta, con los ojos oscuros e intensos, irradiando un aura fría.
Llamó a Wilma: —Tenemos que hablar.
Wilma, acariciándose el vientre con ternura, levantó la vista con expresión triste.
—Marc, perdóname, nunca esperaba esto —balbuceó, con lágrimas en los ojos.
—Sé que no me quieres y no espero nada. Solo quiero asegurar un lugar digno para este niño. Mi preocupación es por él, no por mí —dijo, con los ojos reflejando su angustia.
La risa de Marc resonó fríamente en la habitación. «¿Es eso? ¿Solo quieres ser mi esposa de nombre?».
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