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Capítulo 329:
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Con esas últimas palabras, Charlee cerró la puerta de un portazo, dejando a Marc solo en el umbral, con el rostro pálido.
Marc se quedó en la puerta durante lo que le pareció una eternidad, pero la puerta permaneció firmemente cerrada.
Al otro lado, Charlee se apoyó contra la puerta, con las manos cerradas en puños.
El dolor del engaño de Marc hacía que las acusaciones de Wilma parecieran demasiado creíbles.
El dolor le atravesó el corazón, tan agudo como una cama de clavos.
Respiró hondo, conteniendo las lágrimas.
A partir de ahora, su carrera era su única prioridad. Nada más importaba.
A la mañana siguiente, Charlee entró en Green Biopharmaceuticals con un impecable traje de chaqueta.
Sus tacones golpeaban el suelo con decisión, proyectando una sombra formidable.
Marc llegó al edificio de Green Biopharmaceuticals justo a tiempo.
Al salir, se encontró con la asistente de Charlee en la puerta.
—La Sra. Sullivan ha dado instrucciones estrictas de no dejarle entrar —dijo la asistente educadamente.
Un atisbo de tristeza empañó brevemente el rostro sereno de Marc.
Miró las puertas de cristal cerradas, como si estuvieran separadas por un abismo insuperable.
Charlee se había cerrado decididamente a él.
En los días siguientes, Marc se convirtió en poco más que la sombra de Charlee.
Dondequiera que ella iba, él la seguía.
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Sin embargo, Charlee lo trataba como si no existiera. Incluso ordenó a su asistente que mantuviera a Marc a raya.
El pánico se apoderó de Marc como nunca antes.
Por primera vez, sintió el miedo de perder a Charlee.
Mientras tanto, los problemas de la empresa seguían acumulándose, lo que lo agotaba aún más.
Su teléfono interrumpió el silencio con un repentino timbre: era Amaya.
—¡Marc, tienes que venir a casa ahora mismo! —dijo Amaya con urgencia.
El intento de Marc de protestar fue rápidamente interrumpido por Amaya, que dijo:
—¡Ahora! ¡Sin demora!
Se sintió impotente para discutir con ella y aceptó a regañadientes.
Al llegar a la finca de los Harris, una tensión evidente llenaba el aire. Los ancianos de la familia estaban reunidos en la sala de estar, con expresiones de grave desaprobación.
Wilma también estaba allí, con la cabeza gacha, luciendo frágil e indefensa.
Amaya golpeó la mesa, mirando a Marc con ira.
«¡Wilma está embarazada! ¡Tienes que asumir tu responsabilidad!».
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