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Capítulo 1108:
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Levantó la barbilla, como si fuera una benevolente salvadora.
Charlee la estudió durante un largo momento antes de hablar.
—Si esperas que esto te acerque a Marc, olvídalo.
El rostro de Lorelei se ensombreció al instante. Abrió la boca, pero no salió ningún sonido. Parecía como si hubiera tragado algo amargo.
Charlee no le dirigió ni una mirada más. Se giró hacia la puerta.
Antes de marcharse, le dijo a Omar: «Vigila de cerca a la familia Ellis. Y a Bettina. Informa de todos sus movimientos».
—Sí, señorita Sullivan. —Omar asintió con firmeza y se apresuró a cumplir sus órdenes.
Charlee regresó sola al Grupo Sullivan.
En cuanto salió del coche, antes de que pudiera recuperar el equilibrio, una salpicadura de pintura roja brillante la empapó, pillándola completamente desprevenida.
—¡Charlee, mujer despiadada! ¡Devuélveme a mi hijo! ¡Devuélveme a mi marido!
Se desató un alboroto ensordecedor cuando una multitud furiosa salió en tropel del aparcamiento subterráneo.
A la cabeza iban una anciana y una mujer más joven, con el rostro desfigurado por la rabia. Detrás de ellas, les seguía una turba enfurecida que ondeaba pancartas con consignas condenatorias en letras grandes: «¡El Grupo Sullivan pisotea vidas humanas!», «¡Devolvednos el dinero que tanto nos costó ganar!», «¡Liberad a Deandre!».
El caos se intensificó a medida que avanzaban, con las emociones a flor de piel.
Charlee se limpió la pintura roja de la cara con un movimiento lento y deliberado, y su mirada se volvió gélida. Eran los familiares de Deandre.
Ya había ordenado que se silenciara la noticia. ¿Cómo habían encontrado este lugar tan rápido? No era una coincidencia.
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La familia Ellis debía de temer que ella le sacara algo a Deandre. Por eso habían enviado a esta gente para armar problemas.
La voz de Charlee era tan afilada como una navaja.
«¿Qué queréis?».
«¡¿Cómo te atreves a preguntar?!». La esposa de Deandre dio un paso adelante y señaló a Charlee con el dedo.
«¡Bruja despiadada! ¿Por qué has arrestado a mi marido? Te lo advierto: si no lo liberas hoy, ¡no lo dejaremos pasar!».
«¡Así es! ¡No daremos marcha atrás!», corearon los demás, con la furia llegando a su punto álgido.
Los guardias de seguridad se apresuraron a formar una barrera humana entre Charlee y la multitud enfurecida. La escena se convirtió en un caos instantáneo.
Charlee soltó una risa fría. Qué espectáculo tan ridículo.
La familia Ellis no se detendría ante nada para acabar con el Grupo Sullivan.
—Todos gritáis que es una injusticia, que yo arresté a Deandre. Decidme, ¿por qué iba a hacer eso?
Su mirada penetrante se clavó en la esposa de Deandre, haciéndola vacilar.
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