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Capítulo 1052:
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Levantó la mirada hacia Marc, que ya la estaba mirando.
«Charlee, voy primero a la villa de las afueras. No te preocupes, volveré pronto, y cuando lo haga, te prepararé algo de comer». Le tomó la mano con delicadeza, con los ojos llenos de ternura.
Una oleada de emociones desconocidas invadió a Charlee.
Giró ligeramente la cara y se mordió el labio antes de susurrar: «Te esperaré».
Marc sonrió con dulzura, le dio un beso en la frente y se dio la vuelta para marcharse. Se subió al coche y se alejó.
Charlee se quedó allí, viendo cómo el coche se alejaba, con una inexplicable sensación de pérdida en lo más profundo de su pecho.
No quería que se fuera, aunque fuera solo por un rato. El sentimiento la golpeó como una tormenta repentina, pillándola completamente desprevenida.
—Charlee, ¿qué pasa? ¿Marc te ha dejado plantada?
Una voz burlona rompió el silencio y, sin siquiera mirar, Charlee supo que era Liam.
Se acercó con aire arrogante, con su habitual actitud despreocupada, y dirigió la mirada hacia las luces traseras que se desvanecían. —Bueno, le han robado el corazón, así que, naturalmente, la antigua llama queda relegada.
Se inclinó ligeramente, con un tono cargado de insinuaciones. —Pero no te preocupes, yo estaría encantado de casarme contigo si te interesa.
Charlee no pudo reunir la energía ni para mirarlo y se dirigió directamente a su coche.
Liam, todavía ansioso por hablar, abrió la boca para decir algo más, pero Charlee ya se había acomodado en el asiento del conductor y cerró la puerta con determinación.
Bajó la ventanilla, sacó una invitación de su bolso y la tiró por la ventana.
«Como prometí, esto salda nuestras cuentas».
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No quería tener nada más que ver con él y se marchó sin pensarlo dos veces.
Liam se agachó para recoger la invitación del suelo y, al abrirla, una sonrisa se dibujó en su rostro al ver que era una invitación para la exposición farmacéutica del mes siguiente.
«Charlee», murmuró para sí mismo, con un brillo travieso en los ojos, «esto no ha terminado».
Liam murmuró para sí mismo, guardando la invitación en su bolsillo. En el lujoso silencio de la villa suburbana, Bettina sostenía un pequeño frasco de cristal entre los dedos, con los ojos brillantes de expectación mientras contemplaba el nervio artificial suspendido en su interior.
Éxito.
Una vez que la mente de Marc estuviera conectada a este dispositivo, ella controlaría sus pensamientos y acciones sin que él sospechara nada.
Cuando llegara ese momento, ninguno de sus competidores tendría ninguna oportunidad.
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